UNAM, nido de tolerancia y pluralidad
Para quienes somos parte de las generaciones que nacimos el siglo pasado, que crecimos con el monopolio político del priismo, la UNAM fue nuestro primer espacio de expresión plena de ideas políticas, religiosas, sexuales y sociales libres, discrepantes.
Identificada desde sus orígenes como la principal universidad del país, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) fue durante décadas el único espacio posible de la disidencia, el único lugar donde no existía el pensamiento político único y el ejercicio de la tolerancia fue desde entonces y hasta hoy columna vertebral de su vida diaria.
Una tolerancia que no siempre es comprendida desde los espacios de poder ajenos a su vida interna.
El crecimiento de la oposición en México y el empuje de la pluralidad de ideas políticas, que desde 1988 comenzó a inundar cada vez con más fuerza la vida nacional hasta que en 1997 tuvo su primera expresión al arrebatarle la mayoría absoluta al PRI en la Cámara de Diputados y en el 2000 su máxima conquista al llevar a la Presidencia de la República a un partido político opositor al PRI, fue llevando la discusión política a ámbitos fuera de la universidad.
Para las generaciones de mexicanos que nacieron después del año 2000 es común observar que la discusión política, ideológica, se puede dar en los más variados espacios. En muy diferentes instituciones se realizan foros, seminarios, coloquios sobre todo tipo de diferencias que tenemos como sociedad.
Pero para quienes somos parte de las generaciones que nacimos el siglo pasado, que crecimos con el monopolio político del priismo, la UNAM fue nuestro primer espacio de expresión plena de ideas políticas, religiosas, sexuales y sociales libres, discrepantes.
Hoy, por ejemplo, los candidatos a la Presidencia de la República ya no tienen que ir a la UNAM y a otras universidades públicas a hablar con sus posibles electores, porque pueden hacerlo en diversos espacios, pero Cuauhtémoc Cárdenas, Diego Fernández de Cevallos y Ernesto Zedillo sí tuvieron que ir a ella para acercarse a su poderosa comunidad, compuesta por 300 mil alumnos, 34 mil académicos y cerca de 31 mil trabajadores.
Revisar la historia de la UNAM es acercarse a la historia de la discrepancia y del arte de construir entre diferentes.
Tan sólo un ejemplo. Vicente Lombardo Toledano, fundador de la CTM y del Partido Popular Socialista (PPS), tuvo en la Escuela Nacional Preparatoria sus primeros grandes espacios de debate político sobre el rumbo que debía tomar la revolución.
Ahí en la preparatoria conoció a Manuel Gómez Morin, después rector de la UNAM y fundador del PAN; Alfonso Caso, arqueólogo; Antonio Castro Leal, literato; Manuel Vázquez del Mercado y Teófilo Olea, que fueron ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y Jesús Moreno Baca.
Juntos formaron el grupo conocido como Los Siete Sabios de México. Desde la diferencia profunda mostraron que se puede coincidir y construir.
En 1929, en 1968 y en 1988 salieron de sus aulas las expresiones opositoras a los gobiernos en turno. Se cobijaron manifestaciones disímbolas y se aprendió a construir con ellas.
Durante los noventa fue la UNAM impulsora de la crítica al modelo neoliberal de la economía.
Su Facultad de Economía y su Instituto de Investigaciones Económicas produjeron cientos de investigaciones para estudiarlo, criticarlo, enriquecerlo, alertar de consecuencias negativas o reconocer ventajas. Pero no fueron los únicos, prácticamente toda el área de la investigación económica, política y social fue muy productiva en análisis sobre el neoliberalismo.
Como recientemente fue crítica del Pacto por México desde la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, porque la crítica es la esencia del trabajo académico de la UNAM.
“Lo que más profundamente molesta a los enemigos de la universidad es el ejercicio de las libertades democráticas de reunión, de pensamiento y de expresión dentro de nuestra comunidad”, decía el rector José Barros Sierra en 1968 y el paso de los años confirma que tenía y tiene razón.
Larga vida a mi alma mater.
