No los veo, no lo oigo y me burlo
Cobijado en la mayoría absoluta que logró en el 2018, al conseguir el respaldo de 30 millones de mexicanos, Morena es un partido que se parece mucho al viejo PRI de los años 60 y hasta los 80, que confiaba en que su poderío jamás iba a terminar y le alcanzaba para hacer y deshacer en el país.
Cerrado a entender que el país cambiaba, el PRI de los años 60 estaba muy seguro de su hegemonía política, económica, social, cultural y hasta familiar.
Tanto que, pese a decisiones como Tlatelolco 1968 o la existencia de guerrillas, las críticas y las animadversiones no le movían ni un ápice a su poderío.
Pero el empuje de cambio de una sociedad que era mayoritariamente joven lo orilló a comenzar a entender que el futuro lo iba a alcanzar. En 1988 esa sociedad mayoritariamente joven se expresó por primera vez en su contra y estuvo a punto de sacarlo del poder presidencial, pero como entonces no era posible ninguna alianza entre la izquierda y la derecha, el voto se bifurcó y permitió el triunfo priista.
La crisis económica de los años 90, que coronaba las constantes crisis de los 80, mostró una sociedad inconforme, que se manifestaba, como lo hicieron los integrantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y que se mezcló con el miedo de una sociedad que vio cómo los narcotraficantes mataron a un cardenal o cómo asesinaron a un candidato presidencial, y cómo mataban a un dirigente nacional del PRI. México era otro.
Ernesto Zedillo entendió que la realidad había cambiado para él y, además, tuvo que trabajar para superar la crisis económica y dejar a la nación con números de crecimiento económico hasta entonces inusuales en los últimos tres sexenios, apostó por escuchar las voces que clamaban democracia y aceptar que la población exigía elecciones limpias, transparentes, sin la intervención del gobierno federal.
Así, en 1997 perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y en el año 2000 el PRI perdió la Presidencia de la República. Por supuesto que los priistas odiarán por el resto de su vida a Ernesto Zedillo, pero, para quienes vimos cristalizar nuestro anhelo democrático, será uno de los presidentes más importantes en la historia de este país.
Zedillo sucedió a Carlos Salinas de Gortari, un presidente de la República que ganó porque sus opositores se dividieron en dos bandos y a quien se le atribuye una frase que se mantiene como una forma de evidenciar el desprecio que tienen algunos gobernantes por sus gobernados: “ni los veo ni los oigo”, en referencia a ese México que protestaba y exigía.
Cobijado en la mayoría absoluta que logró en el 2018, al conseguir el respaldo de 30 millones de mexicanos, Morena es un partido que se parece mucho al viejo PRI de los años 60 y hasta los 80, que confiaba en que su poderío jamás iba a terminar y le alcanzaba para hacer y deshacer en el país.
Las viejas voces de académicos que exigieron becas, apoyos para estudios de posgrado dentro y fuera del país; que empujaron la fundación de instituciones académicas, hoy ya no son escuchados y poco a poco pierden lo que tenían: cada vez hay menos becas; se reducen los apoyos económicos a las universidades, a las cuales se les mancilla la autonomía y se destruyen instituciones como el CIDE.
Los sindicatos que antes tomaban las calles para exigir derechos laborales hoy dejaron de ser escuchados, incluso son objeto de burla por parte de los legisladores morenistas: son manipulados, como les dicen a los trabajadores del Poder Judicial que toman las calles para defender sus conquistas laborales; porque eso son los fideicomisos del Poder Judicial: mecanismos ideados para cumplir con los compromisos laborales.
Los ambientalistas hoy pueden hasta recurrir a instancias internacionales para denunciar el ecocidio en torno al Tren Maya y no hay quien los escuche. Los padres de niños con cáncer cierran avenidas u oficinas, y las medicinas no llegan. Hasta golpistas les llaman, por exigir su derecho a la salud.
Hoy, Morena olvida que nada es para siempre. Hoy no ve, no escucha y se burla. Que se vea en el espejo del PRI.
