El imperio de los radicales en Morena

Para quienes nacieron en el México dominado por el gobierno del PRI, que estaba en absolutamente todo la vida pública y hasta privada, porque la militancia de los ciudadanos eran priista, no extraña ver ahora a un Morena que busca repetir la hazaña de Plutarco Elías Calles y sus sucesores para hacer del PRI la columna vertebral del Estado.

Después de tres años en los que el gobierno federal mostró diálogo y voluntad de entendimiento para construir las reformas constitucionales que necesitaba, dado que carece de los votos suficientes para hacerlo, aunque sí fue intransigente en las reformas legales, ahora el morenismo decidió mostrar su esencia: el radicalismo.

En las últimas dos semanas son varios los ejemplos que hemos visto de los integrantes de la cúpula del poder morenista que han decidido atacar al Estado de derecho y retar a las instituciones responsables de vigilar que se cumplan las leyes y las reglas de convivencia social que el país construyó a lo largo de 200 años.

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Para quienes nacieron en el México dominado por el gobierno del PRI, que estaba en absolutamente todo la vida pública y hasta privada, porque la militancia de los ciudadanos eran priista, no extraña ver ahora a un Morena que busca repetir la hazaña de Plutarco Elías Calles y sus sucesores para hacer del PRI la columna vertebral del Estado.

Sin embargo, sí extraña observar que en ese afán de convertirse en la única fuerza política real existente en el país, hasta un secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, decida retar a la Constitución, al ignorarla totalmente para convertirse en un agente partidista.

“Esos ya se van y los vamos a ver pasar ahí por el frente con la cola entre las patas”, dijo Adán Augusto López Hernández en Sonora, al referirse a los consejeros del Instituto Nacional Electoral (INE), quienes “no me pueden correr”, dijo lleno de seguridad en Coahuila.

Arengó a morenistas, retó a la Constitución y a sus instituciones autónomas. Se radicalizó más, porque él siempre ha sido radical, desde que era parte del grupo político de Roberto Madrazo en Tabasco. Fue, incluso, coordinador de campaña de Manuel Andrade, el candidato de Madrazo a sucederlo, a quien le anularon la primera elección en diciembre del año 2000, pero que volvió a competir y ganó.

Después escuchamos a la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, desde un mitin que tiene prohibido por Constitución, que ordena la veda electoral. También arremetió contra el INE, rodeada de los integrantes del ala más radicalizada de Morena; radicales desde que estaban en el PRD, al cual ella llegó desde muy joven, junto con su exmarido Carlos Imaz, pero entonces era de los moderados que rodearon al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas.

Y dentro del grupo parlamentario de Morena en el Senado, el tlaxcalteca José Antonio Álvarez Lima, instó a frenar el proceso de sucesión en el Instituto Nacional de Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (Inai), porque los órganos autónomos no son necesarios, incluso deben desaparecer.

Ahí mismo, el otrora siempre conciliador Ricardo Monreal se tornó el jueves en un orador agresivo frente a la oposición, en un debate justamente en torno a la violación constitucional de Adán Augusto López Hernández.

No extraña el radicalismo del grupo dominante de Morena; es su raíz.

Pero en 2018, el actual Presidente de la República decidió atemperar sus posiciones radicales para lograr el triunfo electoral. Lo logró y por eso durante la primera mitad de su gobierno fue más de diálogo y entendimiento.

¿Por qué la decisión de radicalizarse? Las urnas le demostraron al PRD y, después a Morena, que México no tiene mayoritariamente ciudadanos radicales, sino de tendencia moderada; ésos que le permitieron a la izquierda radical pasar de su clásico 16% en una votación presidencial a ganar la Presidencia.

Entiendo que el radicalismo de López Hernández, Sheinbaum y hasta Monreal tenga el propósito de ganar el apoyo presidencial, pero, ¿ganan el voto ciudadano o lo alejan?

¿O será por eso que atacan al INE; para que no exista una institución fuerte que defienda el voto ciudadano que ponga un alto a su frenesí de poder?

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