El draft político
El repudio de quienes votaron por ellos bien vale la promesa de convertirlos en gobernadores y dejar que tengan 281 mil pesos más al mes de lo que tendrán otros morenistas que no presiden comisiones
La compra y venta de deportistas profesionales es muy conocida en el mundo.
En el futbol americano, por ejemplo, se llama draft al evento que se realiza en la ciudad de Detroit, donde se dan cita los 32 equipos profesionales para elegir a los 256 mejores jugadores universitarios, que, al terminar la temporada, pueden ser colocados como agentes libres, si es que no cubrieron las expectativas, para que cambien de camiseta o, la posibilidad del propio jugador de cotizarse más caro, si su calidad deportiva es innegable.
Pero lo que en los deportes es una práctica pública, incluso se observa con envidia a los jugadores que logran incrementar su valor en el mercado, en otros ámbitos se trata de una práctica deleznable, como ocurre en la política. Y en México es temporada de una especie de draft político, en el que se trata de fichar voluntades en un mercado de “convicciones”.
Hace un par de semanas vimos en el Senado los primeros “agentes libres”: los “perredistas” Araceli Saucedo, de Michoacán y José Sabino, de Tabasco, que por el ofrecimiento de presidir comisiones, donde tienen el derecho de contar con 200 mil pesos mensuales para la contratación de asesores y 81 mil para un secretario técnico, así como la promesa de ser candidatos al gobierno de sus respectivos estados, dejaron las filas de la oposición y ahora son parte del oficialismo.
- En su lógica, el repudio de quienes votaron por ellos bien vale la promesa de convertirlos en gobernadores y dejar que tengan 281 mil pesos más al mes de lo que tendrán otros morenistas que no presiden comisiones.
Pero esos dos votos fueron insuficientes para ayudar al oficialismo a tener una mayoría calificada que no obtuvo en las urnas, pues la incorporación de esos dos mercaderes de convicciones colocó a Morena, PVEM y PT en 85 votos, cuando necesitan 86 votos para tener la mayoría calificada que le permita aprobar la reforma al Poder Judicial, dado que los 43 opositores y los 86 oficialistas han prometido estar presentes en la sesión en que se vote esa reforma, lo que implicará que estará completo el pleno de 128 integrantes.
Y, aunque en varias ocasiones los senadores del oficialismo han anunciado que ya tienen los 86 votos, los 43 senadores de oposición han jurado no traicionar a sus votantes y que están en contra de la reforma, lo que hace ver que la versión de los oficialistas es más un golpe de ánimo a los opositores para que sospechen unos de otros.
La noche del martes 3 de septiembre, diversos senadores oficialistas daban por hecho que la priista Cynthia López iba a votar con ellos y contaron como un golpe de suerte que el priista Miguel Ángel Riquelme enfermara, porque así no iba a poder asistir al pleno, por lo que daban por hecho tener no 86, sino 87 votos a su favor, porque las ausencias se convierten en votos que ayudan al oficialismo.
Pero desde la mañana del miércoles, Cynthia López fue tajante al decir que era mentira que ella fuera a votar con Morena y desde la cama del hospital, Miguel Riquelme prometió asistir y votar en contra.
El jueves 5 de septiembre, el líder nacional del PRI, Alejandro Moreno, reveló que varios de sus compañeros han sido sujetos de “presiones brutales”, “ofertas de decenas de millones de pesos”, “amenazas del uso faccioso de las fiscalías” y que hasta el Instituto Nacional Electoral ha contribuido a ese intento de compra de voluntades para lograr una reforma impopular.
No es nuevo, por supuesto. Recordemos que entre 2012 y 2018 hubo un senador, Miguel Ángel Barbosa, que logró tener tantos ingresos que hasta compró la casa del expresidente Miguel de la Madrid y otros senadores recibieron maletas repletas de dinero en efectivo, como se vio en videos.
Es pues, temporada de fichaje político; de un draft que incluye ofertas económicas bastante baratas como la que tomaron los perredistas y amenazas de abrir expedientes por delitos tan graves como el narcotráfico, como le ocurrió a un senador priista hace unas semanas.
