Divisiones y fratricidios en Morena

José Revueltas, quien sí fue un auténtico militante de izquierda, decía que uno de las mayores debilidades de la izquierda mexicana era su incapacidad para la unificación y, por ende, su vocación a la división, por la confluencia de grupos que pretenden ser los únicos poseedores de la verdad

Viejos conocidos desde sus militancias en los partidos comunistas y socialistas que existieron hasta los ochenta, la mayoría de los militantes más protagónicos de Morena se encontraron hace años en movimientos estudiantiles y en el PRD, donde mostraron en todo su esplendor la forma que tienen de hacer política, a partir de formar grupos de poder que se unen y se divorcian en función de los ascensos al poder que logran.

Pero a esos viejos conocidos que, históricamente se han autodenominado como “auténtica izquierda”, se les sumaron paulatinamente desde 2006 y hasta 2018 millones de priistas y centenares de panistas que, sin ellos, jamás hubieran superado el histórico 18% electoral que conseguían en las urnas antes de que Andrés Manuel López Obrador fuera su abanderado presidencial.

En 2018 fue fundamental sumar a todos esos priistas que vislumbraban el desgaste de su partido y comenzaron a saltar a Morena, como el barco que les permitió no perderse de las mieles del poder que disfrutaron durante décadas en el Revolucionario Institucional. El liderazgo de López Obrador permitió que la innegable disciplina priista de cierre de filas en torno al jerarca opacara la dinámica de división y fratricidio que caracteriza a esos viejos conocidos de la “auténtica izquierda”.

Pero la realidad de 2023 es diferente y en la lucha por las candidaturas vemos la forma en los “históricos”, “puros”, y “fundadores” de Morena que se resisten a que los expriistas y expanistas se hagan de los puestos que, según ellos, les pertenecen por derecho de antigüedad. Y cómo ésos expriistas y expanistas reclaman su derecho al poder, después de haberse sometido al jerarca y llegar hasta la abyección para que las encuestas los hagan candidatos.

José Revueltas, quien sí fue un auténtico militante de izquierda, decía que una de las mayores debilidades de la izquierda mexicana era su incapacidad para la unificación y, por ende, su vocación a la división, por la confluencia de grupos que pretenden ser los únicos poseedores de la verdad o, como en el caso de lo que sucede ahora en Morena, los únicos con el derecho a tener las candidaturas.

Formado en el Partido Verde, cuando era el partido incondicional del PRI, Eduardo Ramírez Aguilar no está dispuesto a aceptar que Morena le niegue la candidatura al gobierno de Chiapas que en 2018 perdió frente al entonces priista Roberto Albores, quien, a su vez, fue derrotado en las urnas por Rutilio Escandón.

Ya los dirigentes de Morena le dijeron que ahí la candidata será Sasil de León, porque es una cuota para el exgobernador de la entidad, Manuel Velasco, quien fue uno de los participantes del llamado “proceso de las corcholatas”. Incluso, le ofrecieron la reelección en el Senado. Pero Eduardo Ramírez no cambia su postura, no, porque está en el innegable primer lugar y si no le reconocen la candidatura se irá a la oposición.

En Puebla observamos a los expriistas y primos, Alejandro Armenta e Ignacio Mier, mostrar con entusiasmo que están en el primer lugar de preferencias en el estado y presionar a que les entreguen la candidatura. Ellos son adversarios, pese a ser primos; por supuesto que ninguno cede y las advertencias de irse a la oposición, por parte de Armenta, son conocidas en los círculos de poder de Morena.

  • Y en la Ciudad de México observamos cómo el grupo de los llamados “puros” se opone a que Omar García Harfuch sea el candidato a la Jefatura de Gobierno, con lo cual se colocan en el escenario de la rebeldía interna en torno a la línea oficialista y recuerdan las viejas pugnas que esos mismos grupos políticos tuvieron en su juventud cuando eran integrantes del Consejo Estudiantil Universitario de la UNAM.

Sus pleitos, sus rupturas y sus alianzas coyunturales no son nuevas, pero no es lo mismo tenerlas en el microcosmos universitario que en la disputa por el poder de una entidad federativa.

Temas: