De la cerrazón al diálogo, ¿en verdad?

Sorprende que el bloque oficialista en la Cámara de Diputados haya planteado la necesidad de escuchar a todos, de dialogar con todos y de esa forma dar una posible disposición a modificar algunos puntos de la reforma.

Desde hace dos semanas, el escenario político legislativo en la Cámara de Diputados comenzó a mostrar que la reforma eléctrica se encamina a ser el primer fracaso legislativo de Morena, porque su cerrazón mostrada en la aprobación del Paquete de Ingresos 2022 impidió cualquier posibilidad de entendimiento con el PRI, que era la principal esperanza de obtener los votos.

La noche del miércoles, en un anuncio que sorprendió a los propios diputados del bloque oficialista, los coordinadores de Morena, PT y PVEM en San Lázaro informaron su decisión de llevar hasta el 2022 la aprobación total de la reforma eléctrica, que estaba considerada como la gran prioridad oficialista para el último mes de trabajo efectivo en el Poder Legislativo en este 2021, pero que ya no podrá ser.

El anuncio coincidió con las expresiones públicas de legisladores de Estados Unidos y del embajador Ken Salazar, que concuerdan en alertar de los riesgos de esta reforma para el acuerdo comercial que tiene México con Estados Unidos y Canadá.

En el interior del bloque oficialista en Cámara de Diputados, que no tuvo la cortesía política de informarles a sus compañeros del Senado, aseguran que las posiciones públicas de Estados Unidos no influyeron en ellos, ni siquiera el hecho de que Ken Salazar haya acudido a Palacio Nacional para expresar sus preocupaciones.

Los tres años de gobierno de Morena y sus brazos en el Poder Legislativo nos muestran que no se mueve una coma sin que el Ejecutivo federal gire la orden. Por eso, es imposible el escenario en que la decisión de postergar la reforma eléctrica al próximo año se haya tomado de manera autónoma por los legisladores federales. La instrucción llegó de Palacio Nacional.

Por supuesto que las alertas que llegan desde Estados Unidos tienen impacto, pero recordemos que al principio de este año, cuando Morena aprobó la reforma eléctrica a nivel legal, no constitucional, también hubo alertas desde Estados Unidos y la Unión Europea.

Morena las ignoró, porque en su lógica los miles de millones que México puede perder en litigios internacionales no están por encima de su afán de lograr sus objetivos. Esa reforma está frenada judicialmente, porque las empresas afectadas usaron su derecho a impugnarla, lo que todavía tiene muy molestos a los oficialistas, al grado que en pláticas privadas hablan hasta de “abusos” en la presentación de amparos.

Pero a diferencia de lo ocurrido en el primer trimestre de este 2021, cuando Morena impuso su mayoría, junto con sus aliados, en esta ocasión se trata de una reforma constitucional y los números no les alcanzan.

En San Lázaro le faltan 57 votos y en el Senado 11 votos. Morena y sus aliados aseguran que en San Lázaro pueden conseguir los 57 votos “con operación política” y tienen claro que en el Senado el escenario sí es prácticamente imposible.

¿Qué debemos entender por operación política? ¿Manotazos? ¿Amenazas? ¿Quemones públicos? ¿Sacar fantasmas de los clósets? Porque de acuerdos ni se piensa. Morena no comparte con la oposición ni siquiera una propuesta de modificación de una letra en una reforma.

Por eso sorprende que el bloque oficialista en la Cámara de Diputados haya planteado la necesidad de escuchar a todos, de dialogar con todos y de esa forma dar una posible disposición a modificar algunos puntos de la reforma.

¿En verdad pasarán de su tradicional cerrazón al diálogo?

Escucho, leo a algunos morenistas decir: sí cambios, pero sin tocar la esencia de la reforma. ¿Cómo? Es justamente la esencia de la reforma lo que genera preocupación y es evidente que el PRI le meterá mano a esa “esencia”.

En una negociación legislativa nadie pierde todo; nadie gana todo y Morena parece estrellarse con la realidad. No tienen mayoría calificada. No tiene los números, aunque se resistan a aceptarlo.

Tiene que dialogar o dejar en el olvido su reforma estrella.

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