Autonomía

Era un hecho que la UNAM no podía apostar por un perfil no identificado con la izquierda universitaria, de la que surgieron los integrantes de los gobiernos federal y capitalino que militan en Morena, porque la UNAM necesita entablar un diálogo que genere entendimiento.

A las seis de la mañana del 9 de marzo de 2023 comenzó a llegar al WhatsApp de diversos académicos de la UNAM la iniciativa fantasma del diputado federal morenista Armando Contreras para desaparecer la Junta de Gobierno de la universidad, pero la intención original de amagar a los universitarios generó algo que parecía imposible: unir a los antagónicos al apostar por Leonardo Lomelí como nuevo rector.

Por supuesto que la inquietud de los llamados habitantes de la UNAM no era un acto histérico o exagerado. Ya en 2019 habían observado con preocupación que un “descuido” de la Secretaría de Educación Pública había borrado el concepto de autonomía universitaria de la Constitución y unos meses después se registró el primer intento de los diputados morenistas por meterse a la vida interna de la universidad nacional.

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Durante 12 horas, el mensaje de WhatsApp estuvo en calidad de fake hasta que un portal electrónico de noticias dio por verdadera la información, al difundir que la iniciativa se había presentado. Pero ésta jamás estuvo en la Gaceta Parlamentaria de la Cámara de Diputados y jamás se presentó. Fue una iniciativa fantasma.

Pero los universitarios que dieron acuse de recibo del mensaje decidieron ponerse a trabajar. Casi de inmediato, en diferentes espacios de la universidad comenzaron a dialogar sobre la posible injerencia del morenismo en el proceso de sucesión en la Rectoría y en esos encuentros, alejados del ojo mediático, los académicos de diferentes ideologías coincidieron; dejaron a un lado sus diferencias históricas y consensuaron que el proceso de sucesión es un tema exclusivo de la UNAM y transformarla también es un tema exclusivo de ella.

Para entonces, ya se conocían algunos nombres de posibles candidatos y en esas mesas de encuentros informales se habló de los nexos de algunos de ellos con el morenismo. Era un hecho que la UNAM no podía apostar por un perfil no identificado con la izquierda universitaria, de la que surgieron los integrantes de los gobiernos federal y capitalino que militan en Morena, porque la UNAM necesita entablar un diálogo que genere entendimiento.

El nombre de Leonardo Lomelí, entonces secretario general de la UNAM, fue constante en esas mesas. Él es parte de la generación de universitarios que en 1986 volvió a movilizar a la universidad nacional y a la Ciudad de México después de 1968: el Consejo Estudiantil Universitario. Era momento de cambiar de generación en la Rectoría y Lomelí era el indicado.

Inició el proceso de sucesión y a la Junta de Gobierno llegaron los universitarios interesados en el proceso. Como es público, la Junta decidió que diez llegaran a la etapa final.

En la auscultación, 60% de las escuelas y facultades propusieron a Leonardo Lomelí como primera opción; en 30% estuvo en segundo lugar y sólo en un 10% no fue mencionado. Fue propuesto por representantes de los grados de bachillerato, licenciatura y posgrado, tanto de ciencias sociales como de humanidades, sólo el área de la investigación científica fue muy firme en los tres aspirantes que respaldó: William Lee, Luis Álvarez Icaza y Sergio Alcocer.

La tardanza de la Junta para hacer pública su decisión, al grado de marcar un récord, según informó con puntualidad Laura Toribio, excelente reportera de esta casa Excélsior, provocó inquietud entre quienes sabían que Lomelí fue siempre el aspirante a vencer, incluso desde la noche del martes era conocido que Lomelí, William Lee y Patricia Dávila habían dejado muy atrás a los otros siete aspirantes.

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¿El proceso dejó heridas y molestias? Sí. Los científicos no se hicieron presentes en la felicitación al nuevo rector y hay amenazas de desestabilizar a la universidad por parte de viejos activistas.

Pero hoy Lomelí es el rector y tiene sobre la espalda la exigencia de sus compañeros pumas de salvaguardar la autonomía de la UNAM.

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