Altura de miras

La presión lanzada desde redes sociales pegó fuerte en el ánimo partidista y los hizo morder el anzuelo presidencial, que de esa manera blinda el propio proceso morenista: si el INE niega el registro al candidato oficialista, por incurrir en actos anticipados de campaña, tendrá que hacerlo también con el candidato de la oposición.

En medio de un caos generado por la intensa violencia provocada por grupos criminales en diferentes partes del territorio nacional, la clase política mexicana está inmersa en una intensa precampaña, que no es precampaña, en busca de candidato presidencial, que, oficialmente, no es un candidato presidencial.

Sin duda alguna, el Presidente de la República logró que toda la clase política baile al son que él toca, porque su decisión de adelantar casi seis meses las precampañas, criticada justamente, porque viola la ley electoral, fue un anzuelo que mordió la oposición, que de facto también viola la ley electoral, a pesar de quejarse de las violaciones morenistas.

Me consta que muchos integrantes del PAN, PRI y PRD están convencidos de que ellos no pueden violar la ley y deben esperar los tiempos que fije el ahora zombi Instituto Nacional Electoral (INE). Sin embargo, pesaron sobre ellos los reclamos de organizaciones sociales y expertos que les advirtieron: no pueden dejarle todo el espacio mediático a Morena durante seis meses, porque jamás podrán alcanzarlos.

En conversaciones con algunos militantes de esos tres partidos fue posible detectar que esa presión lanzada desde redes sociales pegó fuerte en el ánimo partidista y los hizo morder el anzuelo presidencial, que de esa manera blinda el propio proceso morenista: si el INE niega el registro al candidato oficialista, por incurrir en actos anticipados de campaña, tendrá que hacerlo también con el candidato de la oposición.

Dentro del ahora Frente Amplio por México, que será registrado ante el INE, se encontró la fórmula para evitar que la violación a la ley sea tan evidente, encontraron en los artículos 85 y 86 de la Ley General de Partidos Políticos el sustento para evitar que se caiga en la violación de las reglas electorales, pues sí existe la posibilidad que los partidos políticos se sumen a organizaciones sociales para formar un Frente.

El Frente logró su primer triunfo: ganó el foco mediático, al grado de desaparecer del diálogo público a las llamadas corcholatas morenistas. Incluso, quienes comenzaron a atacarlo y a magnificar las renuncias o minimizar sus expresiones de unidad, contribuyeron a potencializar su impacto mediático.

Pero, sin duda, la decisión de Xóchitl Gálvez de participar en este proceso jaló de manera significativa la atención de quienes les gusta mantenerse informados. Y ocurrió lo mismo: en la medida que los oficialistas buscan descalificarla, con absurdos como negar sus orígenes indígenas, contribuyen a que crezca cada vez más en el interés de las personas que se mantienen informados.

Más allá de nombres y de métodos, la oposición mexicana tiene muchos retos a vencer, entre ellos, la incredulidad de los ciudadanos sobre sus intenciones de jugar limpiamente; también vencer el desprestigio que panistas, priistas y perredistas tienen frente a la sociedad; ser en verdad transparentes, demostrar que no usarán su control de la lista de militantes para planear cargadas para un candidato predeterminado y conseguir que todos quienes han declinado salgan a cerrar filas con el nuevo o nueva candidato presidencial.

Pero, sobre todas ellas, el mayor reto es que las cúpulas partidistas y ciudadanas tengan altura de miras, es decir, entiendan que por encima de su interés particular y de sus opiniones está la urgencia de un candidato o candidata que tenga fuerza popular para ganar una elección, porque para vencer a Morena no basta con tener el control de la estructura partidista; es necesaria una persona que, en verdad, tenga carisma para atraer votos.

Y también se requiere altura de miras de los propios aspirantes. Para entender y aceptar que otra persona tiene más posibilidades y cerrar filas para apuntalarla. Altura de miras de quien gane la contienda interna para entender que sólo es un primer paso y que necesita de todos para ganar.

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