Alerta democrática

Pero las grandes masas votaban por el PRI. “¿Por quién más?”. “Más vale viejo por conocido,que viejo por conocer”. “Es el único que sabe cómo gobernar”, decían aquellos mexicanos que,sin la existencia de un órgano electoral autónomo, ni una instancia judicial que calificara laselecciones, iban a las urnas a votar para que el gobierno contara los votos.

Para quienes nacimos el siglo pasado, en el pleno goce de las facultades metaconstitucionales de los gobier­nos priistas, el paso de los últimos 34 años ha sido vertiginoso, pues pasamos de un Estado de dictadura perfec­ta a un Estado de alternancia política y equilibrio de Poderes, para después encaminarnos a la regresión política.

El presidencialismo mexicano, del doctor Jorge Carpizo, es un libro que no me canso de leer y recurro a él cada vez que veo los afanes de algunos políticos por llevar al país al pasado. Fue el doctor Carpizo quien explicó que el presidencialismo mexicano, entonces priista, tenía facultades metaconstitucio­nales; es decir, ejercía de facto decisiones en materia ejecuti­va, legislativa y judicial. Por supuesto, en materia económica, financiera, cambiaria y electoral.

A diferencia de lo ocurrido con regímenes famosos como los nazis en Alemania, los fas­cistas en Italia y los estalinistas en la Unión Soviética, donde el poder se concentró en un líder que encarnaba a la nación y hasta la mo­ral y la ética de sus habitantes, en México el modelo decidido desde la estrategia de Plu­tarco Elías Calles fue centrar esa encarnación de la nación en un partido: el PRI y en las ins­tituciones del Estado.

Por eso había en México elecciones para cambiar de Pre­sidente de la República.

La propaganda del PAN era casi clandestina. Frente a las grandes bardas tricolores que impulsaban al nuevo líder de la nación, aparecían en los postes de luz unos trazos en pincel con el logo de Acción Nacional con un gran tache en color azul y la frase: vota así.

Pero las grandes masas votaban por el PRI. “¿Por quién más?”. “Más vale viejo por conocido, que viejo por conocer”. “Es el único que sabe cómo gobernar”, decían aquellos mexi­canos que, sin la existencia de un órgano electoral autónomo, ni una instancia judicial que calificara las elecciones, iban a las urnas a votar para que el gobierno contara los votos; los legisladores priistas calificaran las elecciones y ganara siempre el PRI.

“México es una dictadura perfecta”, explicó el escritor Mario Vargas Llosa en una transmisión televisiva que vimos millones, porque había un monopolio televisivo y sólo po­díamos ver lo que ese monopolio transmitía.

En 1988, con una importante generación de nuevos vo­tantes, las urnas tambalearon por primera vez al poderoso PRI. Entonces todo comenzó a cambiar. Todo. La democracia empezó a ser un valor para millones de mexicanos.

Fue en 1994 cuando México comenzó a entrar en la diná­mica de elecciones más democráticas, con reglas, con ob­servadores electorales, algunos ejercicios de encuestas y una prensa ávida por mostrar los viejos vicios priistas del frau­de electoral: acarreos, urnas embarazadas, casillas zapato, compra de votos, mapaches que consumaban trampas a la luz del día.

Un recuento muy breve para dimensionar la sorpresa que implica para mi generación escu­char en este 2022 que otra vez son indispen­sables los observadores electorales; que otra vez es fundamental el cazamapaches; que es urgente evitar la trampa, porque hay activos políticos que se empeñan en regresar a la na­ción a esos tiempos que parecían completa­mente alejados.

Pero en este 2022 hay un riesgo adicional: el crimen or­ganizado. Este jueves dos políticos que forman parte de la historia de 34 años de evolución democrática de México, Por­firio Muñoz Ledo y Francisco Labastida, alertaron del alto riesgo de que en México sea el crimen organizado quien de­cida a los gobernantes.

El reto de una elección en paz, no es sólo para los vo­tantes que saldrán este domingo. Es una responsabilidad de diversas autoridades que parecen voltear para otro lado, sin mostrar claridad en la estrategia de seguridad que brindará para garantizar la paz que se necesita para ejercer el voto.

Como hace tres décadas, este domingo hay sin duda alerta democrática.

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