Un sistema educativo que no educa

Leo Zuckermann

Leo Zuckermann

Juegos de poder

Han pasado seis presidentes de tres partidos distintos y 12 secretarios de Educación, se han realizado múltiples reformas educativas y planes de estudio, se creó y desapareció el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación y Mejoredu, se han realizado diversas pruebas y sistemas de evaluación como ENLACE y PLANEA y, pese a toda esta actividad institucional, la educación en México no ha mejorado en los últimos 25 años en que nuestro país ha participado en nueve ciclos de la prueba PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes), examen estandarizado a nivel mundial, coordinado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que mide las habilidades y conocimientos de alumnos de 15 años.  

Muchísimo ruido, poquísimas nueces.

Los gobiernos reforman el sistema educativo sin transformar de manera sostenida el aprendizaje. 

Así lo demuestran los resultados de PISA 2025 publicados ayer. México obtuvo un promedio de 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias (el puntaje máximo es 800). 

Las brechas de los promedios de México frente al promedio de todos los países de la OCDE son enormes. 

En matemáticas caímos significativamente respecto de 2022, mientras lectura y ciencias permanecieron estables. 

El dato más preocupante es que la mayoría de los estudiantes no domina competencias básicas. En matemáticas significa tener dificultades para representar en ese lenguaje una situación cotidiana, como comparar dos rutas o convertir precios. En lectura, aprietos al identificar la idea principal de un texto y localizar información explícita. En ciencias, el problema es reconocer explicaciones correctas de fenómenos familiares y sacar conclusiones sencillas de datos. 

A los 15 años, siete de cada diez estudiantes mexicanos no alcanzan el nivel básico de competencia matemática; uno de cada dos tampoco lo alcanza en lectura ni ciencias.

No sólo tenemos muchos alumnos rezagados: casi no tenemos alumnos excelentes. Es el otro extremo del problema. 

Solo 0.2% de los estudiantes mexicanos llegan a niveles altos de aprendizaje mientras que el promedio de la OCDE es 7.2 por ciento. En matemáticas la comparación es 0.1% de México versus 7.8% de todos los países de la OCDE. Lectura: México 0.3% contra alrededor de 5.5%-6% OCDE.

El IMCO lo expresa de forma contundente: sólo uno de cada 200 estudiantes mexicanos alcanza los niveles altos en al menos una de las tres materias.

En conclusión: demasiados alumnos sin competencias mínimas y extraordinariamente pocos con competencias avanzadas.

El problema no es nuevo. Lleva 25 años con nosotros. 

Es importante mencionar una corrección de la OCDE: hoy estudian más jóvenes y, por tanto, la población mexicana en PISA ha aumentado. Entre 2003 y 2018, México incorporó más de 400 mil jóvenes de 15 años a la población elegible y la cobertura pasó aproximadamente de 50% a 66 por ciento. Entre 2015 y 2025 continuó aumentando la incorporación de jóvenes de poblaciones históricamente marginadas. Por eso, una parte de la caída de los promedios en el último examen podría estar asociada al incremento de la población medida y socioeconómicamente más diversa. Esto no explica todo el deterioro ni elimina el problema.

La desigualdad sigue pesando mucho en materia educativa. En ciencias, 25% de alumnos con mayor nivel socioeconómico obtuvo 68 puntos más que  25% más desfavorecido. El origen social pesa, y mucho.

Otro dato preocupante: las escuelas están materialmente peor. Todos los gobiernos presumen inversión multimillonarias para mejorarlas, pero la realidad es que, en 2022, 37% de los estudiantes estaba en escuelas cuyos directores reportaban deficiencias de infraestructura que dificultaban enseñar. En 2025 este porcentaje se incrementó a 50 por ciento. 

Mientras se implementan reformas curriculares y modelos pedagógicos, la mitad de los alumnos estudia en planteles cuyos directores dicen que las condiciones físicas dificultan enseñar. 

Así no se puede. 

La gran paradoja es que nuestros estudiantes sí quieren aprender. Los mexicanos reportan 80% de curiosidad versus 73% del promedio de la OCDE, 76% perseverancia contra 60% de la OCDE, 89% considera que la escuela no es una pérdida de tiempo versus 76% de la OCDE. Además, los mexicanos se sienten apoyados por sus maestros. Sin embargo, el sistema no está aprovechando esto en aprendizaje efectivo.

Muchas reformas, cero mejoras en el aprendizaje. Quizá el origen del problema sea precisamente que cada gobierno modifica los modelos y planes educativos. Carecemos de una política educativa de Estado que asegure continuidad para ver si los cambios funcionan o no. Los gobiernos son los que han fallado con sus múltiples reformas, no los estudiantes ávidos de aprender y los maestros que heroicamente siguen enseñando en este ambiente de constantes cambios. 

X: @leozuckermann