Otro dolor de muelas para Sheinbaum

Leo Zuckermann

Leo Zuckermann

Juegos de poder

El diésel en Estados Unidos alcanzó un promedio de 1.73 dólares por litro el 21 de septiembre (alrededor de 30 pesos mexicanos) cuando hace cinco semanas estaba en 1.44 dólares (24.50 pesos). Es un aumentó de 19.8 por ciento. La razón principal es la falta de capacidad mundial para convertir petróleo en este combustible que es clave en el transporte público y la agricultura.  

Cuatro factores explican la escasez. 

En primer lugar, las guerras en Irán y Ucrania han sacado capacidad de refinación del mercado. 

Segundo, las refinerías estadunidenses están casi al límite aprovechando los extraordinarios márgenes entre el crudo y el diésel; la diferencia entre éstos llegó a superar los 100 dólares por barril, algo nunca visto. 

Tercero, nuestro vecino del norte está exportando muchísimo diésel porque el precio internacional está altísimo. 

Finalmente, los inventarios estadunidenses están peligrosamente bajos: al 11 de septiembre estaban 13% por debajo del promedio estacional de los cinco años anteriores, todo ello en vísperas de la creciente demanda que típicamente ocurre en el invierno. 

La escasez relativa y el incremento del precio del diésel son una pésima noticia para México.

Para empezar, está el tema del subsidio gubernamental a este producto. Mientras en EU el diésel subió casi 20% en cinco semanas, en México prácticamente no se ha movido porque el gobierno está absorbiendo unos 9.20 pesos por cada litro: 7.36 pesos mediante la eliminación temporal del impuesto especial a combustibles y otros 1.84 pesos con un subsidio complementario.

De esta forma, para contener el precio del diésel, a los volúmenes actuales, el apoyo fiscal ronda los tres mil millones de pesos por semana entre ingresos tributarios sacrificados y subsidios directos. Si este nivel de apoyo se mantuviera un año completo, sería del orden de 155 mil millones de pesos, una barbaridad de dinero. 

La otra opción sería subir el precio del diésel, lo cual tendría consecuencias políticas devastadoras para el gobierno en víspera de las elecciones de 2027. La oposición, de inmediato, acusaría a Morena de un “gasolinazo”. 

El otro problema es la enorme dependencia de México de importaciones de diésel desde Estados Unidos. Actualmente más de 40% de la demanda mexicana de este producto proviene de importaciones estadunidenses. 

A 41 días de las elecciones intermedias en Estados Unidos, varios políticos, principalmente republicanos de estados agrícolas, están solicitando un embargo temporal a las exportaciones de diésel. El martes, el presidente Trump se sumó a la idea y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, confirmó que se está analizando la viabilidad de una prohibición total o parcial. 

Ayer, el sitio Politico reportó que la Casa Blanca efectivamente estaba preparando una prohibición de 90 días a las exportaciones estadunidenses de diésel. El objetivo sería aumentar la disponibilidad doméstica y contener los precios antes de las elecciones intermedias de noviembre. 

Por su parte, Reuters reportó que un funcionario de la Presidencia había desmentido esta versión. Y el secretario de Energía, Chris Wright, también dijo que una prohibición tajante “definitivamente no funcionaría”. Su argumento es que, si las refinerías estadunidenses no pudieran exportar el diésel que producen, se quedarían sin capacidad de almacenamiento y se verían obligadas a reducir la refinación total; eso terminaría disminuyendo también la producción de gasolina y turbosina lo que elevaría sus precios. 

Wright, en cambio, reconoció que sí están discutiendo mecanismos para conseguir que permanezca más diésel dentro de EU sin imponer una prohibición absoluta. Habló de medidas voluntarias; buscarían aumentar la oferta doméstica de diésel al mismo tiempo de mantener los flujos de gasolina y turbosina. 

Cualquier política que limite las exportaciones de diésel por parte de Estados Unidos afectaría enormemente a México. Nuestro país tendría que reemplazar una parte sustancial de sus importaciones adquiriendo este producto en Europa, Asia o donde se pudiera, justo cuando el mercado mundial está tan apretado. Esto significaría mayor precio de importación, mayores costos logísticos y presión sobre el abastecimiento. Reemplazar rápidamente volúmenes estadunidenses sería caro y complicado.

Todo lo cual incrementaría más el subsidio actual del diésel que de por sí ya es muy alto. El gobierno perdería más dinero o de plano se vería obligado a subir el precio del consumidor con todas las consecuencias políticas que eso tendría para Morena y sus aliados. 

Como si no tuviera problemas, aparece este nuevo dolor de muelas para la Presidenta. 

X: @leozuckermann