Henos aquí analizando un evento que debería desaparecer.
Los mexicanos le copiamos a los estadunidenses la obligación del Poder Ejecutivo de presentarse una vez al año a rendir cuentas al Congreso. Ellos le llaman State of the Union. Nosotros, Informe de Gobierno. Allá sigue yendo el Presidente una vez al año a reunirse con ambas cámaras para hablar de cómo va su gobierno y hacia dónde piensa dirigirlo. Acá, hace muchos años que el jefe del Ejecutivo federal ya no asiste al Congreso porque no hay las condiciones políticas para un evento civilizado. En su lugar, los presidentes se inventaron un discurso con sus invitados.
Desde que llegó la 4T al poder, este discurso se tornó aún más obsoleto en la medida en que los presidentes, primero López Obrador, ahora Sheinbaum, realizan un ejercicio propagandístico diario que disfrazan como una “conferencia de prensa”. Ahí hablan de lo que se les antoja, incluyendo la presunción de los logros del gobierno.
De hecho, la gran mayoría de las cifras que mencionó la Presidenta ayer en su informe ya se habían adelantado en alguna de las mañaneras. No hubo ningún dato sorpresivo que no se hubiera dicho antes. En este sentido, el discurso fue como una mañanera donde se resumieron todos los temas sin que la interrumpiera alguno de los periodistas paleros.
Se agradece, en este sentido, la brevedad del discurso. Finalmente, uno que es analista político y tiene la obligación de soplarse este evento, sí puede aguantar una pieza retórica de una hora cinco minutos donde predomina el autoelogio.
Muchos comentaristas se quejan de la falta de autocrítica. Pues que se sigan lamentando porque ningún político en México hace eso, mucho menos un mandatario en su informe anual de gobierno.
Para eso de la crítica estamos nosotros, los analistas. Los que tenemos el deber de aceptar los verdaderos logros del gobierno, pero también desmentir las cifras incorrectas y matizar otras, amén de develar las mentiras y apuntar sobre los temas que no fueron mencionados.
Por ejemplo, los desaparecidos. Ayer también desaparecieron de la retórica presidencial como si no existieran, como si no fueran un enorme problema que enfrenta esta administración. Ni una referencia a ellos. Es característica de la 4T esconderlos debajo de la alfombra. Reprobada la Presidenta en este rubro.
En cambio, me gustó el formato austero del informe. Nada de boato. Poco público, escenografía discreta, vestuario sencillo, pero elegante. Es, en sí mismo, un mensaje en este momento en que varios miembros de la 4T se han olvidado de que llegaron al poder prometiendo austeridad republicana y purificación de la vida pública del país.
El formato se vio acompañado del mensaje explícito de Sheinbaum: “Los servidores públicos tenemos la obligación de comportarnos con profunda responsabilidad, pero, al mismo tiempo, con sencillez y humildad. Durante muchos años, mientras millones de mexicanas y mexicanos trabajaban todos los días para salir adelante, el gobierno se fue alejando de la gente, de sus necesidades y de su realidad. Se utilizaban los recursos públicos para excentricidades y lujos, y se gobernaba para unos pocos. Eso terminó con la llegada de la Cuarta Transformación, y lo digo claro: debe continuar de esa manera”.
Pues no, Presidenta, desgraciadamente no terminó con la 4T. Esa lacra sigue ahí presente.
¿Habrán entendido todos los miembros de la coalición oficialista a los que les gusta tanto darse vida de marajás?
Para que no hubiera dudas, la Presidenta lo repitió cuando terminaba su discurso: “No olvidemos nunca que la autoridad política y moral se escribe todos los días. Ésa no se adquiere ni con todo el dinero del planeta. Por ello, y justamente por ello, insistimos en que sólo con honestidad se dan verdaderamente resultados”.
Un nuevo llamado a misa de Sheinbaum. A ver si ahora sí le hacen caso.
En un ambiente donde se sospecha (y vaya que hay elementos para hacerlo) de posibles diferencias y rupturas dentro de la 4T, la Presidenta afirmó: “Que nadie se equivoque: aquí no hay divisiones, aquí no hay rompimientos”. Fue la frase del día. Pero a los políticos hay que juzgarlos por lo que hacen, no por lo que dicen, así que tendremos que seguir evaluando hasta dónde es cierta o no la aseveración presidencial.
Una última nota. También me gustó el estilo ecuánime de la Presidenta. Nada de aspavientos, manoteos o gesticulaciones a los que ya nos tienen acostumbrados los políticos en estas épocas de redes sociales. No, ayer vimos a una política que se comportó, por fortuna, como jefa de Estado.
X: @leozuckermann
