En búsqueda de la confianza perdida
Sin ningún edulcoramiento, Videgaray habla de la posible llegada de un gobierno populista producto del desencanto social.

Leo Zuckermann
Juegos de poder
Interesantísima la entrevista del secretario de Hacienda al Financial Times. Si un editorial reciente en la revista The Economist había afirmado que Peña “no entiende que no entiende”, Videgaray contesta que claro que entienden: “No se trata sólo de la reforma, la reforma, la reforma. Tenemos que hacer frente a lo que realmente es importante en la actualidad para la sociedad mexicana, que no es sólo la corrupción y la transparencia. Va más allá de eso, se trata de una cuestión de confianza. Podemos hacer diez reformas energéticas pero si no añadimos confianza, no vamos a aprovechar todo el potencial de la economía mexicana”. El secretario lo tiene claro: “una expansión económica más sostenida requiere instituciones creíbles de justicia y transparencia”.
Cuándo el periódico británico le pregunta si todo el gabinete y el Presidente comparten este punto de vista, responde con saludable candidez: “Yo creo que sí”. En lugar de “bonitos discursos”, de acuerdo a Videgaray, el gobierno debe “asumir la responsabilidad de lo que hemos hecho y lo que son nuestros retos”. De no hacerlo, se corre el peligro de una “espiral de desencanto con los políticos” donde la víctima “sería el compromiso de México con la gestión económica prudente en medio de un resurgimiento de la larga tradición populista de América Latina”. Y remata para que no haya dudas: “basta con mirar a Venezuela”.
Impecable lo dicho por Videgaray. La única crítica que se le podría hacer es por qué habla así en un medio internacional y no en uno nacional. Irrita ver este tipo de declaraciones para consumo externo en lugar de que nuestros funcionarios den la cara donde más les debe importar: en México. Pero quitando este “negrito en el arroz”, la entrevista de uno de los hombres más fuertes del gobierno es muy importante por dos razones. Primero, porque nos dice que el gobierno sí entiende la actual coyuntura crítica. Segundo, porque reconoce que, de no hacer nada, se corre un gran peligro: sin ningún edulcoramiento, Videgaray habla de la posible llegada de un gobierno populista producto del desencanto social.
El asunto de fondo de las declaraciones de Videgaray es cómo recuperar la confianza perdida a partir de los casos de Tlatlaya, Iguala y las casas Higa-San Román. La respuesta es construyendo instituciones que eviten la repetición de estos hechos.
La historia reciente de México provee varios ejemplos que demuestran que la confianza se puede construir a partir de instituciones diferentes a las del pasado. Durante los años ochenta, los inversionistas perdieron la credibilidad en el manejo de la política económica mexicana. Para recuperar la confianza, los gobiernos realizaron dos reformas institucionales fundamentales: la autonomía del banco central y la ley de responsabilidad de las finanzas públicas. De esta forma se recuperó la confianza de las políticas monetaria y fiscal.
Otro ejemplo. Durante los años ochenta, nadie creía que en México había elecciones limpias, libres y democráticas. Para darle confianza a los electores, se creó un Instituto Federal Electoral autónomo, con muchos recursos legales y financieros y presidido por personalidades de prestigio social. Esto le permitió a la oposición llegar al poder en menos de dos décadas. Fue tal el éxito de la construcción de instituciones electorales en México que la ONU solicitó la asesoría del IFE para organizar las primeras elecciones democráticas en Irak.
Para ahora recuperar la confianza en el gobierno, éste debe construir instituciones que, por un lado, le den una mayor transparencia a la gestión del sector público y, por el otro, combatan el flagelo histórico de la corrupción gubernamental. Esto implica aprobar una Ley General de Transparencia que respete el principio de máxima información pública y un Sistema Nacional Anti-Corrupción con fiscales que cuenten con dientes bien afilados para poder meter a la cárcel a los funcionarios corruptos. Para mí esas son las dos condiciones para recuperar la confianza en este gobierno.
Desgraciadamente no veo que todos los miembros del gabinete y legisladores del PRI y del Verde estén en la misma sintonía que Videgaray. Aunque el secretario crea que sí, en los hechos no parece ser el caso. Tan sólo hay que mirar los obstáculos que algunos funcionarios del gobierno, en contubernio con legisladores priistas y verdes, le están poniendo a la ley de transparencia para comprobarlo.
Twitter: @leozuckermann