Será mujer

Las encuestas demostraron que tanto Claudia como Xóchitl fueron, por mucho, las preferidas para encabezar a los partidos que las postularán.

Tres días después de la elección de Xóchitl Gálvez como coordinadora del Frente Amplio por México, Claudia Sheinbaum fue también nombrada coordinadora de la Defensa de la Transformación. Ambas se convertirán en candidatas presidenciales de los dos principales bloques de partidos que competirán en 2024 no sólo por la Presidencia de la República, sino por el Congreso de la Unión, nueve gubernaturas, más de mil diputaciones locales y presidencias municipales

Esta será la elección más grande de la historia de nuestro país, y a la cabeza, estarán por primera vez, dos mujeres, ambas, con posibilidades reales de ganar dándonos la certeza de que la próxima y primera Presidenta de México será mujer. Estamos ante un momento histórico sobre el que aún poco se ha reflexionado y dimensionado y ante el cual surgen varias preguntas.

¿Cómo será una campaña en la que al menos dos de tres posibles aspirantes son mujeres? ¿Esto le dará características distintas en la forma y en el fondo de relacionarse entre ellas y presentarse el electorado? ¿Se priorizará la agenda de las mujeres en la campaña y en el próximo gobierno? ¿Veremos una campaña más respetuosa y propositiva, o las candidatas replicarán el estilo confrontacional típicamente masculino de competir?

Lo que es un hecho es que ambas, independientemente de su género, son las mejores candidatas posibles de sus respectivos bloques. Las encuestas demostraron de manera clara y consistente que tanto Claudia como Xóchitl fueron, por mucho, las preferidas para encabezar a los partidos que las postularán y esto no es producto de la casualidad, por el contrario, es el resultado de una larga y dura lucha de generaciones de mujeres por ejercer plenamente nuestros derechos políticos: el derecho a votar que apenas lo conseguimos en 1953, y el derecho a ser votadas cuyo máximo logro se conquistó con la reforma constitucional de paridad en todo de 2019, que obliga a que todos los espacios públicos de decisión sean conformados igualitariamente por hombres y mujeres.

Durante las siete décadas transcurridas entre 1953 y la elección de Aurora Jiménez Palacios como la primera diputada federal, ha ocurrido un cambio paulatino en la sociedad, la ley y la cultura política que, no sin pocas resistencias, ha posibilitado que las mujeres ocupemos cargos de representación política, en la administración pública y en otras instituciones del Estado en igualdad y presidiéndolas como es el caso de presidencias municipales, los nueve estados con gobernadoras, la Secretaría de Gobernación y otras secretarías del gobierno federal, la Cámara de Diputados y Senadores, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el INE, el Inai, la Cofece, entre otros.

Hoy está normalizado ver a mujeres desempeñarse en las instituciones públicas con capacidad, profesionalismo y resultados lo que ha allanado el camino para que en 2024 México se una con su presidenta, a la aún pequeña lista de países que tienen una mandataria.

Claudia y Xóchitl representan distintas visiones y proyectos de país, pero ambas son herederas de la lucha histórica de las mujeres por participar en igualdad con los hombres en la construcción de un mejor país, y al mismo tiempo, son inspiración para millones de niñas y jóvenes que en ellas constatan que, aún con mínimas oportunidades, es posible ser científicas, ingenieras, empresarias, políticas, presidentas, o lo que decidan; y son la esperanza para millones de mujeres madres, abuelas, trabajadoras, jefas de familia de que, al ser mujeres, comprendan mejor sus necesidades y prioricen la agenda en contra de las violencias y el feminicidio, la brecha salarial, el apoyo para que los cuidados en las casas no recaiga solo en las mujeres, la educación, la salud y la seguridad.

Veremos cómo es tener a dos candidatas presidenciales y una mujer presidenta.

           *Politóloga e internacionalista.         Expresidenta de la Cámara de Diputados

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