¿Qué oposición para AMLO?
La noche del 1 de julio Andrés Manuel López Obrador AMLO se convirtió en el virtual Presidente electo más votado de la historia de México. Su partido, Morena, y sus aliados, el PT y el PES, no sólo ganaron la Presidencia de la República por un amplio margen, sino que ...

Laura Rojas
Agora
La noche del 1 de julio Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se convirtió en el virtual Presidente electo más votado de la historia de México. Su partido, Morena, y sus aliados, el PT y el PES, no sólo ganaron la Presidencia de la República por un amplio margen, sino que lograron lo que no se veía desde 1997: tener mayoría absoluta tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado de la República. Una veintena de diputados y senadores más le bastarían para tener la Constitución en sus manos, ya que también la alianza obradorista es mayoría en poco más de los congresos locales del país.
Una mayoría así es el sueño de cualquier gobernante, ya que representa una garantía de que tanto las reformas como el presupuesto que necesite para implementar su plan de gobierno serán aprobados sin dificultad y evitaría recaer en una parálisis legislativa como la que vivimos hasta 2012, o el trabajo de tener que negociar con los partidos de oposición cada iniciativa e incluir sus ideas a cambio de votos. Desde el punto de vista de la eficacia del gobierno, dicha condición mayoritaria puede tener ventajas, pero, al mismo tiempo, es un riesgo de autoritarismo si los opositores no asumen a plenitud esa condición y no se convierten en contrapesos efectivos del Poder Ejecutivo.
El catedrático Fernando Barrientos del Monte, en su ensayo La oposición política: notas para una discusión teórica, explica que “las oposiciones en la democracia no sólo son necesarias, sino que su permanencia es indispensable [...] su existencia es lo que define o no a las democracias. Así como no puede existir democracia sin elecciones, habría que agregar que tampoco sin oposición. No basta la sola existencia de dos partidos, el que está en el gobierno debe asumir que requiere y debe tener un contrapeso político, de otra manera, se presentarían tentaciones autoritarias con el consecuente deterioro e, incluso, desaparición de los principios democráticos.”
Siguiendo a Barrientos, algunas de las funciones de la oposición en una democracia son: expresarse sobre el ejercicio del gobierno y ejercer las funciones de control del gobierno. En el caso de México, el Congreso está dotado de una buena batería de facultades de control como las comparecencias de funcionarios en comisiones y en el plano de las cámaras, los llamados puntos de acuerdo, las preguntas parlamentarias y la ratificación de nombramientos de funcionarios.
Sin embargo, en los últimos sexenios, los legisladores nos hemos autolimitado en el ejercicio de esos mecanismos de control, ya que la mayoría del partido en el poder en turno ha actuado típicamente como guardameta del gobierno evitando que los puntos de acuerdo incómodos se aprueben o diluyendo las comparecencias. Morena, durante la última legislatura desde la minoría, se quejó sistemáticamente de este bloqueo, veremos cómo se comporta ahora, desde la mayoría.
La pregunta es ¿qué oposición tendrá López Obrador? Si el PAN, el PRI, el PRD y Movimiento Ciudadano asumen una actitud de colaboración responsable cuando del bien del país se trate, pero implacablemente críiica cuando el próximo presidente intente algo que vaya en el sentido contrario, el gobierno tendrá límites que lo harán mejorarse a sí mismo, pero si estos partidos no ejercen su rol opositor, no sólo seguiremos perdiendo votos, sino que se generará un daño a la democracia y los ciudadanos.
El PAN tiene una especial responsabilidad en esta nueva época porque a pesar de que muchísimos mexicanos no nos favorecieron con su voto en comparación con otras elecciones, somos aún el único partido que en la geografía política cubre el centro–derecha y son millones los que aún esperan y merecen un partido en pie que trabaje por las ideas que comparten con nosotros.
Así que si bien las expectativas del gobierno de López Obrador son enormes, no lo son menos las de la oposición.