Pecado, no delito: papa Francisco

La Iglesia católica congrega a unos 2,400 millones de fieles en todo el mundo, siendo la religión mayormente profesada, seguida del islam, con 1,900 millones de personas que lo practican, de ahí que sus enseñanzas, literalmente, han moldeado la cultura y la conducta de ...

La Iglesia católica congrega a unos 2,400 millones de fieles en todo el mundo, siendo la religión mayormente profesada, seguida del islam, con 1,900 millones de personas que lo practican, de ahí que sus enseñanzas, literalmente, han moldeado la cultura y la conducta de muchas sociedades por siglos y tienen un enorme impacto en las vidas, tanto de quienes siguen dichas enseñanzas y sus diversas interpretaciones como de quienes no.

El rol y la conducta de las mujeres ha sido y sigue siendo, en muchos sitios, determinada por la religión, y su concepción sobre la homosexualidad también ha determinado la forma en la que familias, amigos y sociedades enteras se conducen frente a las personas de la diversidad sexual.

Rechazo, discriminación, aislamiento, incomprensión, odio y violencia han padecido los miembros de la comunidad LGBTIQ+ debido, en gran medida, a las ideas de inmoralidad y antinaturalidad promovidas por las religiones fundamentalistas, de ahí la importancia de lo que el líder de una de ellas, el papa Francisco tenga que decir al respecto.

El papa Francisco es el primer Papa que ha sostenido durante su pontificado una actitud de apertura, comprensión y desestigmatización hacia la comunidad LGBTIQ+ en los márgenes que la doctrina católica le ha permitido, pero el decir que la homosexualidad no es un delito, que criminalizar la homosexualidad es injusto, que la Iglesia católica debe trabajar para terminar con eso, y que “somos todos hijos de Dios y Dios nos quiere como estamos y con la fuerza que luchamos cada uno por nuestra dignidad”, no es menor, incluso muchos han calificado estas declaraciones hechas durante una entrevista a Associated Press, publicada la semana pasada, como históricas.

Sin duda, que el líder de la Iglesia con mayor membresía en el mundo exhorte a sus obispos a acoger a las personas de la diversidad sexual y que opine a favor de las uniones civiles para garantizar ciertos derechos, es muy importante para combatir la homofobia que, según The Human Dignity Trust, se ha traducido en leyes cuyas sanciones pueden llegar a la pena de muerte en unos 67 países o jurisdicciones en el mundo. Sin embargo, en el campo de la moral católica, la posición de la institución sigue siendo que “todo acto sexual fuera del matrimonio es pecado” y aquí es donde topamos con pared porque el matrimonio es considerado una unión sacramental exclusiva para un hombre y una mujer. El Papa ha reconocido también que la homosexualidad es una condición humana, es decir, no es una elección ni una enfermedad que pueda ser sanada con atención psicológica o psiquiatra. ¿Cómo entonces puede seguirse sosteniendo que una condición con la que se nace, que no se elige, es pecado?

Fray Julián Cruzalta, maestro en teología y defensor de derechos humanos, explicó en el podcast El Café de la Mañana, que si bien es un avance estas definiciones de acoger a las personas homosexuales con caridad, los católicos siguen pensando que su condición es una desviación de la ley natural, que no es otra cosa que un sistema de referencias políticas, sociales, económicas y sexuales creado por la cristiandad en el siglo IV que prevalece hasta nuestros días, y que mientras no haya una nueva mirada sobre quién es la persona humana y su sexualidad, será muy difícil que la postura institucional de la Iglesia católica cambie.

Otras iglesias, como la anglicana, han dado un paso más al autorizar las bendiciones de las uniones de personas del mismo sexo, en el caso de la católica, para la que el matrimonio es considerado un sacramento y éste es un signo sensible de la presencia de Dios entre nosotros, la unión entre dos personas del mismo sexo no puede entrañar la presencia de Dios, por más puro y honesto que sea el amor entre ellos. El acoger a las personas homosexuales, “a pesar de su desviación”, termina siendo más un acto condescendiente que un auténtico acto de comprensión y aceptación.

Sin duda, el papa Francisco ha dado grandes pasos hacia el reconocimiento pleno de que todos somos merecedores del amor y respeto de los demás por el sólo hecho de ser personas humanas, pero aún falta un largo camino por recorrer.

                *Politóloga e internacionalista.          Expresidenta de la Cámara de Diputados

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