Partidos desvinculados, ciudadanos desinteresados
El domingo pasado tuvimos elecciones en Coahuila y en el Estado de México y uno de los grandes cuestionamientos de la jornada fue la baja participación ciudadana. En el caso de Coahuila, sólo el 56.35% de las y los electores votó y Manolo Jiménez logró el triunfo con ...

Laura Rojas
Agora
El domingo pasado tuvimos elecciones en Coahuila y en el Estado de México y uno de los grandes cuestionamientos de la jornada fue la baja participación ciudadana. En el caso de Coahuila, sólo el 56.35% de las y los electores votó y Manolo Jiménez logró el triunfo con 56.95% de los sufragios; en el Estado de México votó el 50.13% del listado nominal y Delfina Gómez ganó con el 52.65% de los votos. Es decir, que quienes decidieron quién gobernará a una población conjunta de 20 millones de coahuilenses y mexiquenses fue apenas entre el 25% y el 30% de las y los que pudieron haber votado.
Ciertamente, muy pocos decidieron el futuro de muchos. Sólo las elecciones presidenciales logran convocar a un mayor número de electores, como la de 2018, que alcanzó una participación del 62% o la del 2012, con un 63 por ciento.
Razones por las que las y los ciudadanos están permanentemente desinteresados en la política hay muchas, pero en eso hay mucha mayor responsabilidad en los políticos que en la ciudadanía porque, siendo los partidos políticos las instituciones creadas para canalizar la participación cívica en la vida pública del país, hoy día es muy difícil entrar y casi imposible participar realmente e incidir, incluso, para quienes ya son miembros de estas organizaciones. Más allá de las elecciones cuando los partidos buscan el voto, el interés de éstos por los ciudadanos es poco o nulo.
Nos preguntamos, ¿por qué a la gente no le interesa la política cuando, por ejemplo, en la elección de los dirigentes y de los candidatos, no tienen la más mínima injerencia?
Ayer, Morena estableció sus reglas para elegir a quien los abanderará en la elección presidencial de 2024, se realizará por encuestas y podría decirse que ésa es una forma de involucrar a las y los ciudadanos en su decisión. Sin embargo, no habrá debates y, de acuerdo con un documento sobre el acuerdo de su Consejo Nacional, que circuló ayer, “evitarán los medios reaccionarios, conservadores, adversarios de la Cuarta Transformación y partidarios del viejo régimen”. De ser así, se restringiría el acceso de las y los ciudadanos (que podrían ser encuestados) a la información sobre quiénes son y qué proponen sus aspirantes.
En una democracia con calidad no sólo se trata de opinar, sino de opinar de manera informada y de tener la oportunidad de generarnos un criterio que nos anime a participar y nos habilite para hacerlo con conciencia. En una democracia con calidad, las decisiones relevantes no son tomadas por las cúpulas partidistas, sino que se involucra a las y los ciudadanos y así se genera y fortalece una cultura democrática que no sólo se traduce en una mayor participación electoral, sino que favorece una ciudadanía empoderada que exige rendición de cuentas y que se involucra en los asuntos de su comunidad constantemente.
El PAN era el único partido en México que practicaba la democracia como una regla fundamental de su vida interna, pero en los últimos años se han utilizado también otros métodos de elección de candidatos que limitan la participación directa de los militantes y ni se diga del resto de los ciudadanos que simpatizan con el partido.
La alianza PAN-PRI-PRD tiene una buena oportunidad para diferenciarse de Morena si propone un método que favorezca la participación ciudadana. Que incluya, sí, un porcentaje de firmas de apoyo representativo territorialmente aunque sin ser prohibitivo; debates y otras formas de comunicar y contrastar visiones y propuestas; y elecciones primarias en las que, al menos, las y los militantes y simpatizantes de los partidos involucrados sean los que decidan.
Sólo de esa forma los partidos de la oposición abonarán significativamente a incrementar rápidamente el conocimiento e interés por sus aspirantes, pero, sobre todo, a mejorar la calidad de la democracia.
*Politóloga e internacionalista.
Expresidenta de la Cámara de Diputados