PAN: retomar el camino

El día de ayer, el Consejo Nacional del PAN tuvo su primera sesión después de las elecciones del pasado 1 de julio, en las que el partido sufrió una tremenda derrota. En efecto, como lo dijo nuestro presidente nacional, Damián Zepeda, las derrotas son multifactoriales, ...

El día de ayer, el Consejo Nacional del PAN tuvo su primera sesión después de las elecciones del pasado 1 de julio, en las que el partido sufrió una tremenda derrota. En efecto, como lo dijo nuestro presidente nacional, Damián Zepeda, las derrotas son multifactoriales, igual que las victorias. Yo añadiría que ninguna de ellas se construye de la noche a la mañana ni en una campaña de tres meses.

Las reflexiones del día de ayer en el Consejo Nacional fueron en su mayoría duras, no hubo autocomplacencia, sino autocrítica y, sobre todo, un consenso sobre la importancia que tiene para México que el PAN se recomponga para cumplir eficazmente con la función de ser la oposición que le corresponde. Mucho se ha hablado ya de la necesidad de contrapesos eficaces al gobierno que, a partir del 1 de diciembre, encabezará Andrés Manuel López Obrador.

Es claro que en este proceso de reflexión no se debe eximir de responsabilidades a la actual dirigencia nacional —de la cual, por cierto, formo parte—, a quienes integraron del equipo de campaña o al propio candidato a la Presidencia de la República, sin embargo, si queremos reencontrar el camino, el análisis debe ir mucho más allá y remontarnos, incluso, a la época en la que por primera vez gobernamos a nivel federal, pasando por nuestro desempeño a cargo de administraciones públicas locales y, por supuesto, revisando nuestra actuación en los congresos locales y en el Congreso de la Unión. Todo cuenta porque, como dije, las victorias y las derrotas son el resultado de procesos que a veces, incluso, toman años.

Hace seis años, cuando en 2012 perdimos el gobierno federal a manos del hoy presidente Enrique Peña Nieto, también realizamos un proceso de reflexión que duró semanas. Una comisión integrada por respetados panistas encabezó ese esfuerzo y compiló en un documento tanto el diagnóstico como las soluciones. La idea principal era que teníamos que volver a ser distintos y distinguibles a los ojos de los ciudadanos. Ese documento casi en su totalidad sigue vigente porque muchas de las cosas que el propio partido determinó que deberían hacerse, no se realizaron.

Así, la derrota no fue causada sólo por Ricardo Anaya en los tres meses de la campaña, ni siquiera durante los meses previos al inicio de las precampañas, cuando se gestó la salida de muchos panistas que terminaron engrosando las filas de Morena, o en el caso de Margarita Zavala, renunciando a su militancia como panista. Eso, por supuesto, que afectó, pero no fue lo único. Durante los 18 años posteriores a la primera alternancia del año 2000, el PAN pasó de ser la opción de cambio a lo mismo que una inmensa mayoría de ciudadanos no quiere: El PRI. La narrativa del PRIAN y de la llamada mafia del poder que esparció López Obrador por cada rincón de la patria fue creíble porque nosotros, ya fuera por omisión o por acción, la hicimos creíble. Desde no haber transformado al régimen que combatimos por décadas hasta los escándalos de abusos y corrupción no castigados, pasando por una descomposición de la vida interna del partido y un distanciamiento de la ciudadanía nos alejaron de ser opción para los ciudadanos. No obstante, hoy estamos en una posición inmejorable de ser distintos y distinguibles tanto del PRI como de Morena, con el que las diferencias son muchas, claras y notorias: Nuestra convicción federalista; de fortalecimiento de las instituciones versus el fortalecimiento de los liderazgos individuales; de defensa de los derechos y libertades dentro y fuera del país; así como nuestra apuesta por la libre empresa son sólo algunos ejemplos. El PAN tiene historia, ideas, causas y ha prestado grandes servicios a México, es momento de retomar el camino.

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