No es una cacería

Las violencias en razón de género tienen un sinfín de expresiones: no importa si eres Jenni, la CEO de una gran empresa o una gobernante

Y la historia se repite una y otra vez. Esta vez lo vieron, en vivo, millones de personas: el presidente de la Real Federación Española de Futbol (RFEF), Luis Rubiales, le plantó un beso en los labios a Jenni Hermoso, una de las jugadoras de la selección española durante la celebración por su triunfo en la Copa Mundial Femenina de la FIFA. A decir de la futbolista, el beso no fue consentido y apenas unos minutos después, en un en vivo desde los vestidores, dijo que no le había gustado, versión que confirmó después a través de un comunicado.

  • Lo que sucedió luego fue un atrincheramiento de Luis Rubiales en su posición de que las exigencias de su dimisión al frente de la RFEF son una cacería que no merece, una reacción desproporcionada del falso feminismo a lo que en su cabeza fue sólo un pico consentido entre amigos, sin deseo ni dominación.

Desde el mismo instante del incidente y durante toda la semana las voces de indignación en contra de Rubiales y de respaldo a Jenni Hermoso han ido en aumento. Desde sus compañeras seleccionadas, otras jugadoras y jugadores, equipos, el mismo presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quien ha definido la actitud del ahora cesado por la FIFA como inaceptable, hasta los millones de mujeres que en el mundo nos sumamos al grito de se acabó por la simple razón de que, igual que Jenni, alguna o varias veces, nos hemos sentido vulnerables ante un hombre con poder que piensa que puede tocarnos sin importar nuestra voluntad.

Muchas nos hemos topado con un jefe, un profesor, un colega, incluso un padre o familiar con mayor autoridad, jerarquía, poder o fuerza que ha invadido nuestro espacio íntimo, que nos ha acosado, y aún muchos no entienden que, cuando hay una asimetría de poder entre la víctima y el agresor, es difícil para la primera, gestionar y actuar con la prontitud deseable porque hay miedo de por medio. Hay miedo a perder un empleo que se necesita, miedo a ser acusada de ser la responsable de la agresión (tal y como Rubiales ha hecho con Hermoso), miedo a ser exhibida y juzgada como desequilibrada o de tener un móvil más allá de la búsqueda de la justicia como el económico.

No importa haber sorteado cualquier cantidad de obstáculos y retos, haber jugado y ganado en canchas disparejas en todos los ámbitos, cuando por fin lo logramos y llegamos a lo más alto, siempre aparece el macho para marcar territorio. Y es que el machismo y las violencias en razón de género tienen un sinfín de expresiones: no importa si eres Jenni Hermoso, campeona del mundo, la CEO de una gran empresa o una gobernante.

Donald Trump dejó con la mano extendida a Angela Merkel; el embajador de Irán en España negó el saludo de mano a la reina Letizia; Porfirio Muñoz Ledo se aprovechó de un abrazo cordial para acercarse de forma inapropiada a la recién electa presidenta del Congreso mexicano, y Luis Rubiales le dio un beso no consentido a una jugadora. En todos esos casos, el mensaje del agresor es que las mujeres, sin importar su estatus, siempre son inferiores y, en muchos espacios, siguen siendo tratadas como objetos de deseo y trofeos para el disfrute masculino.

Lo bueno es que, hoy, muchas sociedades como la española están más conscientes de los límites y del respeto que debe haber entre los géneros, y de que, sin importar lo eufórico del momento o de cualquier otra circunstancia, simplemente no es correcto traspasar esos límites. De ahí la exigencia masiva de renuncia a Luis Rubiales, quien, después de negarse a hacerlo, ha sido cesado por la FIFA en lo que corren las investigaciones. El gobierno español, por su parte, también ha iniciado un procedimiento administrativo en su contra. Y no, no es una cacería, sino la consecuencia de un error que debe ser asumido.

  • *Politóloga e internacionalista. Expresidenta de la Cámara de Diputados

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