La temible Señora X

Xóchitl no encaja en el molde, pero la quieren hacer encajar a como dé lugar. Empezaron descalificando su origen humilde...

La irrupción de Xóchitl Gálvez en el escenario de la sucesión presidencial cambió el tablero tanto para la oposición como para el oficialismo. Con su estilo desenfadado, su lenguaje claridoso, sus posiciones progresistas, su trayectoria sin escándalos y una historia de superación inspiradora, no encaja en el molde que el presidente López Obrador definió para sus opositores. Definiciones como fifí, conservadora o corrupta son difíciles de aplicárselos a Xóchitl, y por eso, y porque tuvieron contra las cuerdas a la oposición durante cinco años y creyeron que así seguiría siendo, es que los cuatroteístas están tan descolocados y tan enojados.

Xóchitl no encaja en el molde, pero la quieren hacer encajar a como dé lugar. Empezaron descalificando su origen humilde y su identificación con su ascendencia indígena, se burlaron de ella con el calificativo de botarga, el propio Presidente en un triste intento de ofensa la equiparó con quienes venden tamales, y lo último: utilizando el poder de las instituciones del Estado, exhibió las actividades económicas de su empresa en franca violación a la ley, todo, para dispersar el mensaje de que los contratos (algunos otorgados por su propio gobierno) e ingresos generados de su empresa no pueden sino ser producto de la corrupción.

Y por ahí van a seguir: el miércoles pasado el tema de agenda política de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión fue, ni más ni menos, Xóchitl Gálvez. En esa sesión no hubo más que repeticiones simplonas de una narrativa que pregona que el éxito de una empresa sólo puede ser a base de trampas.

Esa narrativa no tiene fundamento legal ya que, de tenerlo, en más de tres décadas de operación de la empresa ya habría alguna investigación o denuncia. El fundamento es político, y con razón, porque Xóchitl se ha convertido, para Morena y sus aliados, en la temible Señora X. En tan sólo un mes, la senadora no sólo aventajó de manera contundente a los otros aspirantes de la oposición, sino que en una primera encuesta publicada por El Financiero la semana pasada ya se encuentra en un rango de entre cinco y doce puntos de distancia de los principales aspirantes morenistas, una distancia a la que ningún otro personaje de la oposición ha estado nunca, y que pone a la oposición en un escenario en que la Presidencia de la República es perfectamente peleable.

Ahora el reto para Xóchitl es, claro, obtener la candidatura del Frente Amplio por México y preservar por un año la inercia que su momentum le ha generado. Habrá que construir una plataforma con propuestas inteligentes y viables para resolver los grandes problemas del país que complemente su perfil y que ayude a consolidar su liderazgo no sólo como una mujer auténtica, honesta y trabajadora, sino como la mujer con capacidad de dirección y de ejecución que es.

Tener que pronosticar que en la medida en que la Señora X crezca, los ataques desde el Estado continuarán y se profundizarán, habla muy mal, por supuesto, del Presidente de la República, quien en éste y otros varios temas ha cambiado radicalmente su forma de pensar y de actuar, pero también habla muy mal del estado de nuestra democracia, de cómo las instituciones del Estado mexicano pueden reducirse a instrumentos políticos disponibles para el inquilino de Palacio en turno. Hace 23 años lo vimos cuando el hoy presidente López Obrador fue víctima de un intento de descarrilamiento por parte del entonces presidente Vicente Fox, que, por cierto, no hizo más que ayudar a su crecimiento electoral, lo vimos hace seis años cuando el régimen peñanietista se lanzó en contra de Ricardo Anaya y lo estamos viendo ahora.

Los partidos de oposición y todo aquel que se considere demócrata debe cerrar filas con Xóchitl Gálvez, denunciar este nuevo abuso del poder hacia un opositor y detenerlo.

           *Politóloga e internacionalista.

                Expresidenta de la Cámara de Diputados

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