La marcha por la democracia
La marcha de ayer, llamada “En defensa del INE”, fue más que la defensa de una institución, una defensa de la pluralidad ideológica y política que hay en México y que, gracias al sistema electoral que por décadas hemos construido, ha podido expresarse y acceder ...

Laura Rojas
Agora
La marcha de ayer, llamada “En defensa del INE”, fue más que la defensa de una institución, una defensa de la pluralidad ideológica y política que hay en México y que, gracias al sistema electoral que por décadas hemos construido, ha podido expresarse y acceder a posiciones de poder. La frase de José Woldenberg: “Las minorías de ayer son las mayorías de hoy”, pronunciada ayer frente a los miles de personas que salieron a las calles, no pudo ser más ilustrativa de lo que el sistema electoral que el Presidente de la República hoy quiere destruir. El sistema electoral mexicano ha conseguido solventar la máxima demanda en materia democrática: que los votos se cuenten y se cuenten bien. Ha conseguido que pasáramos de la certeza de que el candidato que designara el PRI sería el siguiente presidente de la República, a la certeza de que el siguiente presidente de la República, gobernador, presidente municipal o legislador será el candidato que obtenga más votos, y de que aún los partidos con menor votación tendrán una voz en el Congreso porque también representan a ciudadanos.
Las instituciones del sistema electoral: el INE, los órganos electorales locales, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y los tribuales locales son el árbitro en el juego por la disputa del poder político en el país, por lo que las modificaciones a su funcionamiento siempre han sido producto del consenso entre los jugadores, ya que la aceptación de las reglas del juego por parte de todos es fundamental para el reconocimiento de los resultados electorales y para la legitimidad de las autoridades electas. De ahí la importancia de promover un diálogo entre todos si se quiere revisar el actual modelo, y de evitar promover una sola visión desde el poder, que como bien se demostró ayer por las marchas que hubo en todo el país, no tiene el apoyo de una amplísima mayoría. Morena ha centrado la narrativa de la defensa de la propuesta del Presidente en dos elementos principales: que el INE cuesta mucho dinero y que el INE/IFE permitió fraudes electorales sin explicar a detalle el contenido y las consecuencias de su iniciativa.
Sobre si el INE cuesta mucho, siempre es posible revisar y lograr un ejercicio del gasto justo, evitando excesos y despilfarros. De hecho, durante los últimos años ya ha habido recortes al presupuesto del INE votados por la Cámara de Diputados.
El segundo argumento que sostiene que el INE, antes IFE, ha permitido fraudes electorales, simplemente no se puede tomar en serio. Después de que Morena ha obtenido triunfos de legisladores, alcaldes, gobernadores y Presidente de la República, al grado de ser hoy la primera fuerza política del país, este argumento es retórica insostenible. No obstante, la iniciativa presidencial sí contiene elementos regresivos que no podemos ignorar que atentan en contra de un sistema electoral libre de la injerencia del poder político, como el quitarle al INE la gestión del padrón electoral —presumiblemente para pasarlo a manos del gobierno—, la centralización de la organización de las elecciones a manos de consejeros y magistrados propuestos por el propio gobierno y votados con la injerencia de los partidos políticos, y la elección de todos los legisladores por la vía plurinominal, entre otros.
Antes de la marcha de ayer, quienes asistirían recibieron una lluvia de descalificaciones desde el púlpito presidencial secundadas por las huestes morenistas, después de la marcha la desestimaron. El gobierno de la Ciudad de México estimó entre 10 y 12 mil asistentes, cuando fueron muchísimos más, sin contar los que se manifestaron en los estados, pero lo importante es que el mensaje de ayer no fue sólo para el Presidente de la República sino, sobre todo, para la oposición, particularmente para el PRI, quienes tienen en sus manos el evitar volver a un pasado donde las elecciones eran controladas por y para el poder.
*Politóloga e internacionalista.
Expresidenta de la Cámara de Diputados