La crisis del agua

José Luis Luege lleva más de una década advirtiendo de la crisis hídrica que nos ha alcanzado.

“No más desarrollos, no tenemos agua" o “Urge resolver la crisis del agua" son algunas de las consignas que se leen impresas en lonas en varias de las zonas residenciales del Valle de México. Es raro que los vecinos de clase media se movilicen, pero la escasez de agua que desde hace meses afecta a la población lo ha conseguido. Hace apenas unos días, en los chats de los fraccionamientos de Atizapán, Naucalpan y Tlalnepantla, en el Estado de México, circuló una convocatoria para asistir a una marcha para exigir la solución de la crisis hídrica en la zona.

Las autoridades municipales han intentado explicar que es el gobierno federal, específicamente la Conagua, es la que, literalmente, abre y cierra la llave de la poca agua que está llegando a las comunidades, pero el descontento y la preocupación crecen, no sólo en estas zonas mexiquenses, sino en todo el país. La Ciudad de México también lleva tiempo sorteando el problema y hemos visto a otras ciudades, como Guadalajara y Monterrey, verse afectadas. Los vecinos se las arreglan como pueden: comprando agua de pipas y construyendo cisternas ante la increíble falta de una respuesta clara por parte del gobierno federal.

José Luis Luege, exdirector de la Conagua y presidente de la asociación civil Ciudad Posible, lleva más de una década advirtiendo de la crisis hídrica que nos ha alcanzado, ya que entre 2000 y 2020 la disponibilidad de agua por habitante se redujo de 4 mil m3 a 3.2 mil m3 y, de seguir la tendencia actual, se espera que descienda por debajo de los 3 mil m3 para 2030.

Luege ha dicho que estamos ante “el último aviso de una catástrofe en materia de abastecimiento de agua para la Ciudad de México y la Zona Metropolitana” y que “las acciones que están desarrollando los tres niveles de gobierno para hacer frente a la crisis de agua en el Sistema Cutzamala no son suficientes y es necesario declarar la situación como emergencia nacional”, lo anterior haría que los municipios reciban recursos para enfrentar el problema de manera inmediata, pero la política ha impedido reconocer que, en efecto, la escasez de agua se ha convertido en una verdadera emergencia nacional.

Un sinnúmero de especialistas ha alertado sobre la sobreexplotación de los mantos acuíferos que sigue sucediendo con la perforación de más y más pozos, un remedio cortoplacista para solucionar la urgencia, pero que sólo agravará más el problema, ya que los mantos, a diferencia de las presas que pueden rellenarse con agua de lluvia, “conforman un mecanismo muy lento de recarga que hemos afectado de forma directa”. El enorme problema es que el 70% del agua del Valle de México proviene de los mantos acuíferos que no dan más, y sólo el 30% del Sistema Cutzamala.

La crisis hídrica debería ser el tema número uno de la campaña presidencial, ya que a quien gane le corresponderá enfrentar directamente un problema que no se puede resolver con arengas nacionalistas en contra de las empresas que utilizan sólo el 5% del agua que se consume en el país. El campo es el que más consume agua, por lo que urge eficientar su uso en ese sector.

De acuerdo con Ciudad Posible, además, se debe dejar de extraer y reducir las fugas, modernizando la red, sectorizarla, colocando medidores para todos, y que se cumpla con los pagos bimestrales, que deberían actualizarse y dejar de estar subsidiados, incluso en las zonas de alto poder adquisitivo. Asimismo, hay que captar más agua de lluvia, no sólo en las casas, sino rehabilitando y construyendo nuevas presas, cuidar los bosques que sufren de tala ilegal y dejar de construir nuevas viviendas. Todo ello implica una inversión de millones de pesos y debe concretarse pronto. Urge que los candidatos presidenciales se pronuncien y expliquen cómo piensan resolver la crisis del agua.

           *Politóloga e internacionalista.

                Expresidenta de la Cámara de Diputados

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