El PAN frente al espejo
El próximo 11 de noviembre todos los panistas del país elegiremos a un nuevo presidente nacional, quien resulte electo tendrá la titánica tarea de volver a poner al PAN en una posición atractiva para el electorado. Lograr lo anterior pasa por realizar una serie de ...

Laura Rojas
Agora
El próximo 11 de noviembre todos los panistas del país elegiremos a un nuevo presidente nacional, quien resulte electo tendrá la titánica tarea de volver a poner al PAN en una posición atractiva para el electorado. Lograr lo anterior pasa por realizar una serie de tareas de reorganización de la vida interna del partido, pasando por la reconciliación, indispensable para la tan necesaria unidad de cualquier organización, y de definición de una estrategia política adecuada para el rol de primera fuerza de oposición de cara a los ciudadanos y al próximo presidente, López Obrador.
Para cualquiera que repase la historia política de México resultan evidentes las contribuciones que el PAN ha hecho al desarrollo de nuestro país. Comenzando por la formación de conciencia cívica de generaciones de mexicanos a lo largo de casi ocho décadas, pasando por la incansable lucha que, por tener elecciones libres y justas, el PAN protagonizó y luego cuando por fin los primeros panistas accedieron a las cámaras del Congreso dando los mejores debates y presentando propuestas serias contribuyendo a la creación de las instituciones del México moderno que han traído beneficios a millones de mexicanos. Nuestro paso por los gobiernos municipales, estatales y federal si bien con claroscuros, también ha aportado a la generación de bien común.
Las fallas en el camino de la política y del servicio público también están a la vista. La disminución en términos de votación que elección tras elección, desde el 2012, hemos tenido en el orden federal es una innegable expresión de que el PAN dejó de ser para la mayoría de los mexicanos una opción de solución a los muchos y muy complejos problemas que aún tenemos. Más aun, para muchos, hemos sido incluso, responsables de varios de ellos, como el de la inseguridad y la corrupción. Ser objetivamente autocrítico es el primer paso para la recomposición.
Una visión autocrítica, compartida por muchos panistas, es la que escuché el día de ayer en el registro de la planilla encabezada por Marko Cortés y Héctor Larios y que busca la dirigencia nacional del partido, y lo celebro.
Partiendo de la reconciliación como precondición de la unidad al decir que todos los panistas alejados que quieran volver a participar tendrán las puertas abiertas en caso de resultar electos, Cortés y Larios también hablaron de la necesidad de que el PAN cumpla con su rol de primera oposición frente al próximo gobierno apoyando lo que sea bueno para los mexicanos, pero exigiendo, al mismo tiempo, que se cumpla con todo lo prometido en campaña. Al mismo tiempo, el PAN debe volver a ser un referente de buen gobierno en las 12 entidades en las que gobernamos y en los más de 400 ayuntamientos que encabezamos.
En cuanto a la vida interna del partido, se comprometieron a una reforma de estatutos para que, entre otros, los dirigentes partidistas no puedan, desde esa posición, aspirar a un cargo de elección popular y así garantizar la imparcialidad que los aspirantes esperan por parte de la dirigencia.
Un reto que la siguiente dirigencia deberá afrontar es el de alcanzar la paridad entre mujeres y hombres en todas las posiciones internas y externas del partido. Si bien, gracias a las acciones afirmativas establecidas en la ley electoral, hemos avanzado al grado de casi alcanzar la paridad en el Congreso, aún hay muchos espacios, como los gabinetes ejecutivos, los grupos parlamentarios y los órganos de gobierno y comisiones de las cámaras, en los que hay que avanzar.
Este es el momento en que el PAN, frente al espejo, debe asumir sus yerros, pero sobre todo retomar sus raíces y desde las lecciones de su propia historia, recomponerse. Veo en Marko Cortés y Héctor Larios a quienes mejor pueden conducir ese proceso por el que el PAN vuelva a ser el mejor agente de cambio y constructor del bien común.