Dos temas de nuestra civilización
El tema de esta columna fue difícil de decidir porque en días recientes han sucedido dos eventos mundiales que, si bien no tienen mucho que ver entre sí, han traído a la mesa dos temas fundamentales para nuestra civilización, así que decidí abordar ambos.Uno, es ...

Laura Rojas
Agora
El tema de esta columna fue difícil de decidir porque en días recientes han sucedido dos eventos mundiales que, si bien no tienen mucho que ver entre sí, han traído a la mesa dos temas fundamentales para nuestra civilización, así que decidí abordar ambos.
Uno, es la clausura de la 27ª Conferencia sobre el Cambio Climático (COP27) y, el otro, la inauguración de la Copa Mundial de la FIFA en Qatar. Sobre el primer evento, su importancia es obvia, el segundo ha llamado la atención sobre el estado de los derechos humanos en el mundo árabe, pero también en otras regiones del mundo. De la resolución de estos temas depende, por un lado, la supervivencia de nuestro planeta y de nuestra especie como la conocemos y, por el otro, el avance de la idea de que los seres humanos somos libres, iguales y que tenemos derechos fundamentales irrestrictos.
Qatar ha estado bajo el reflector desde que fue electo como sede del Mundial de Futbol que dio inicio ayer, y en las últimas semanas ríos de tinta y comentarios han inundado los medios de comunicación y las redes sociales señalando las violaciones a los derechos humanos de los trabajadores migrantes que construyeron la infraestructura mundialista y la falta de respeto a los derechos de las mujeres y de la comunidad LGBT+, así como las restricciones al derecho de expresión y a la libertad de prensa.
La FIFA también ha sido criticada, por lo que muchos han considerado tolerancia o tibieza frente al régimen catarí, y no ha faltado la polémica respecto a artistas y futbolistas que participarán en el campeonato. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, apenas unas horas antes de la inauguración cuestionó a los críticos, principalmente a los europeos, calificándolos de hipócritas y llamando a disculparse “por lo que han estado haciendo los últimos tres mil años”.
La realidad es que Qatar, como muchos países musulmanes, más allá de lo que hagan o hayan hecho otros países, sí tiene una deuda en materia de derechos humanos con grandes partes de su población. Human Rights Watch documentó que las leyes, reglamentos y prácticas cataríes imponen normas de tutela masculina discriminatorias: deben obtener el permiso de sus tutores masculinos para casarse, estudiar en el extranjero, trabajar en muchos empleos públicos, viajar al extranjero hasta ciertas edades y recibir determinados cuidados de salud reproductiva, para lo cual deben estar casadas. Además, se penalizan todas las formas de sexo fuera del matrimonio, con penas de hasta siete años de prisión. Si son musulmanas, pueden ser condenadas a latigazos o a lapidación. Por otro lado, su código penal castiga las relaciones sexuales consentidas entre hombres mayores de dieciséis años con hasta siete años de prisión.
Muchos rechazan y consideran injusta la idea de mezclar el futbol, la alegría que éste da a millones de fans en el mundo y el negocio que éste representa con política, pero es inevitable. Sin dejar de ver la viga en nuestro ojo, y sin esperar que la FIFA resuelva los problemas que les corresponden a los gobiernos, sí es deseable que eventos de la magnitud e influencia del Mundial contribuyan a un mejor estado de las cosas en los países donde tiene presencia.
Pasando al tema de la COP27, aunque, como cada año, los países reafirmaron su compromiso de limitar el aumento de la temperatura global a 1.5 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales, el cumplimiento de los compromisos para lograrlo ha sido insuficiente, ya que, de seguir con las políticas actuales, la temperatura se incrementará en 2.8°C a finales del siglo. Ante el rezago, habría que acelerar el cumplimiento de metas, reduciendo para 2030 en 45% las emisiones y para el 2050 en 100 por ciento. En palabras del secretario general de la ONU, António Guterres: “Estamos en la lucha por nuestras vidas y estamos perdiendo la batalla”.
*Politóloga e internacionalista.
Expresidenta de la Cámara de Diputados