De huracanes e (in) capacidades institucionales

A doce días que el huracán Otis devastara la ciudad de Acapulco, empieza a haber claridad de la dimensión y complejidad del desastre, así como del tiempo y los recursos necesarios, tanto para atender la emergencia como para la reconstrucción y, sobre todo, de que ...

A doce días que el huracán Otis devastara  la ciudad de Acapulco, empieza a haber claridad de la dimensión y complejidad del desastre, así como del tiempo y los recursos necesarios, tanto para atender la emergencia como para la reconstrucción y, sobre todo, de que fenómenos como éste ocurrirán más frecuentemente, por lo que deberíamos estar definiendo ya qué hacer para estar mejor preparados para afrontarlos en el futuro.

En el ámbito científico hay un consenso en que Otis fue un fenómeno atípico que tomó por sorpresa a los científicos del clima. De acuerdo con la gaceta de divulgación de la ciencia de la UNAM, los datos de los sistemas de vigilancia, ni regionales ni globales, anticiparon que Otis se intensificaría como lo hizo y en tan corto tiempo. Las razones de esta falla se tendrán que investigar y ser resueltas por la comunidad científica, que seguramente ajustará los modelos de predicción para que sean más precisos, y México deberá invertir en la tecnología que hoy no tenemos para estar cubiertos.

En lo que también hay una coincidencia es en que, aun si los modelos hubieran anticipado que Otis tocaría tierra como huracán categoría 5 con vientos máximos sostenidos de 270 kilómetros por hora, como lo hizo, el resultado de la devastación no sería muy distinto porque ni la infraestructura del puerto, las edificaciones ni de los grandes hoteles y fraccionamientos de lujo, mucho menos las viviendas de las personas de clases populares, estaban preparadas para ello. Tampoco había refugios adecuados ni suficientes ni ninguna otra previsión.

En el ámbito de la respuesta institucional ya se ha dicho mucho: antes, durante y después las autoridades de los tres niveles de gobierno fueron rebasadas por la situación, no comunicaron y no actuaron oportuna ni eficazmente y la gente de Acapulco se fue a acostar ignorando el desastre que ocurriría. Otis, igualmente, tomó por sorpresa a los gobiernos y su incapacidad de reacción se vio evidenciada.

El problema es que, como alguien me dijo hace unos días, “el huracán nos ha estado llevando por muchos años” y es que la falta de planeación del desarrollo urbano o las violaciones a los lineamientos de ésta, y la precariedad de las capacidades institucionales de todo tipo: infraestructura eléctrica, caminos, hospitalaria, de seguridad, de protección civil, científica y, por supuesto, de gestión del riesgo de desastres no es nueva, pero se ha acentuado durante esta administración.

Otis dejó al descubierto, de nuevo, la debilidad institucional de México. Los reportes de saqueos en las narices de los policías y miembros de las Fuerzas Armadas nos pintan clara y trágicamente. La gran pregunta es: ¿qué más tiene que pasar para que las cosas empiecen a hacerse bien?

El viernes, la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados aprobó el dictamen de Presupuesto de Egresos 2024 y se espera que hoy lunes sea aprobado por el pleno. En el dictamen no hay una partida especial para la reconstrucción de Acapulco, diputados de Morena dijeron que revisarían cómo obtener los recursos e incorporarla hoy durante su discusión en el pleno. El Fonden servía, precisamente, para no tener que estar viendo en el momento necesario de dónde obtener recursos para emergencias. En fin, veremos qué aprueban hoy las y los diputados morenistas y sus aliados, ojalá nos sorprendan, pero dado que las prioridades del gobierno para 2024 son ampliar el monto y la cobertura de los programas sociales, lo cual no está mal, y terminar sus obras insignia, como el Tren Maya, así como inyectarle más dinero a Pemex, dudo que tengan mucho margen.

Tengo la esperanza de que el siguiente gobierno, encabezado por alguna de las aspirantes de las dos grandes alianzas de partidos, reordene las prioridades en función de las necesidades reales de la mayoría de los mexicanos: seguridad, educación, salud, ciencia, infraestructura, energías limpias, agua, empleos y, como nos ha enseñado Otis, prevención.

  • Politóloga e internacionalista.  

Expresidenta de la Cámara de Diputados

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