Avanza el mal

México es el máximo exponente del “Aquí no pasa nada”. Hemos desarrollado una trágica capacidad de seguir con nuestra vida como podamos y hasta donde podamos mientras las familias, la comunidad, el país, los otros se derrumban. Pasamos de largo de las noticias ...

México es el máximo exponente del “Aquí no pasa nada”. Hemos desarrollado una trágica capacidad de seguir con nuestra vida —como podamos y hasta donde podamos— mientras las familias, la comunidad, el país, los otros se derrumban. Pasamos de largo de las noticias sobre la violencia criminal que desde hace décadas se adueñó de nuestras calles y nos robó la paz. Miramos hacia otro lado, hacemos como que el dolor, la miseria humana y las víctimas no están ahí y seguimos. Puede que sea un mecanismo de defensa para no desquiciarnos, para no vivir atemorizados de todo y de todos o para pretender que, si no lo vemos, no existe y no nos amenaza.

Nos hemos habituado a las llamadas de extorsión, a los intentos de hackeo, a tener que cambiar de número frecuentemente, muchos, a pagar derecho de piso, y seguimos con miedo, esperando, rogando que el mal no nos alcance a nosotros o alguno de los nuestros. Los ciudadanos poco podemos hacer, cuidarnos y perseguir delincuentes es tarea del gobierno. El problema es que este gobierno también voltea a otro lado, voltea al pasado para sacudirse la responsabilidad de la inseguridad y la violencia que día a día se expande y profundiza.

Mayo fue el mes más violento del año hasta que terminó junio, que lo superó al contabilizar dos mil 303 homicidios dolosos, incluyendo policías. La cifra es escalofriante, pero lo es más lo que hay detrás: miles de personas que deciden son forzadas a ser parte de una maquinaria de amenazar, extorsionar, secuestrar, asesinar, envenenar y de sembrar terror a lo largo y ancho del país.

Hace unos días se cumplió un año del asesinato de los dos sacerdotes jesuitas y un guía de turistas en Chihuahua, y aún no han podido capturar al responsable. El secuestro de 16 trabajadores de la Secretaría de Seguridad de Chiapas por parte de un grupo criminal que acusó a sus superiores de trabajar para un grupo rival; el homicidio de Hipólito Mora, el empresario michoacano que decidió no vivir de rodillas ante el crimen y organizar los grupos de autodefensa; la explosión de un carro bomba en Celaya, y el asesinato de un joven biólogo estadunidense que recolectaba plantas para su investigación en Sonora, todo en tan sólo una semana, son una terrible muestra de la expansión sin control del poder de las organizaciones criminales en nuestro país.

Mientras, en un mundo paralelo, donde la violencia no es más que una exageración de los opositores, el oficialismo festeja cinco años de haber ganado la elección presidencial con bombo y platillos. Un Zócalo lleno de loas y vítores al líder, al movimiento, a la transformación y una camarilla de aspirantes de los que, si alguno lograr ganar de nuevo, no heredará más que un país en llamas, nulas capacidades institucionales para hacerle frente y una estrategia consistente en dejar hacer, dejar pasar. No está de más recordarles que, a cinco años de gobierno, el discurso de que la tragedia actual es culpa de los anteriores gobiernos es insostenible y, aunque no les importe, la creciente percepción de inseguridad y la mala evaluación ciudadana en esta materia son inocultables. El mal avanza y la urgencia de contar con un gobierno que sí asuma los problemas y sí resuelva o, al menos, lo intente, crece.

  • EPÍLOGO

Dentro de todo lo malo, la decisión de Xóchitl Gálvez de anotarse al proceso que elegirá a quien, eventualmente, será candidato presidencial por el Frente Amplio por México es una buena noticia para la oposición y para el país. El anuncio de Xóchitl sacudió el tablero político, pero, sobre todo, ha generado emoción y entusiasmo entre militantes y ciudadanos sin partido que esperan una alternativa a Morena. Xóchitl rompe el molde fifí, conservador y neoliberal en el que el Presidente ha encasillado a sus adversarios. Veremos si, como muchos pensamos, Xóchitl puede ser Eowyn, la guerrera de Rohan que en la historia de El Señor de los Anillos pudo derrotar al Señor de los Nazgul.

*Politóloga e internacionalista.

Expresidenta de la Cámara de Diputados

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