AMLO ya pactó con el PRI
En política no existen las casualidades, mucho menos en un proceso en el que se juega la máxima posición política y de poder del país: la Presidencia de la República. Por eso es que hay que saber leer dos sucesos que han marcado esta campaña: los ataques en forma de ...

Laura Rojas
Agora
En política no existen las casualidades, mucho menos en un proceso en el que se juega la máxima posición política y de poder del país: la Presidencia de la República. Por eso es que hay que saber leer dos sucesos que han marcado esta campaña: los ataques en forma de acusaciones, hasta ahora no comprobadas, de lavado de dinero a Ricardo Anaya, por parte del PRI-gobierno, y el cambio de tono de Andrés Manuel López Obrador sobre el presidente Enrique Peña Nieto y los miembros de la llamada mafia del poder.
Estos dos sucesos vistos en conjunto revelan un pacto, quizás tácito, pero pacto al fin, entre el PRI y López Obrador. Los priistas sabiendo que su candidato se mantiene consistentemente en tercer lugar en las encuestas y lejos de poder alcanzar al puntero, parecen decididos a hacer lo que sea para evitar que Ricardo Anaya sea el próximo Presidente de México. Después de haber utilizado a la PGR de manera ilegal y facciosa en contra de Anaya durante el primer mes de la campaña, hace un par de días comenzó a circular en redes sociales un video que intenta, nuevamente, hacer daño al candidato de la coalición Por México al Frente.
La pregunta es ¿por qué? ¿Por qué tanta saña contra un candidato que no ha prometido una y otra vez que echará para atrás reformas importantes como la Educativa o la Energética, tan impulsadas
y defendidas por el presidente Peña Nieto? ¿Por qué empeñarse tanto en hacer daño a un candidato con quien, incluso, trabajaron en favor de varias de estas reformas que el presidente Peña podría considerar su legado?
La respuesta es por la corrupción. Si algo ha sido el signo del actual gobierno es, precisamente, la corrupción. Percepción o verdad, es este adjetivo el que viene a la mente de los mexicanos cuando pensamos en él, una imagen de abusos e impunidad que tuvo como su principal promotor a López Obrador. Sin embargo, mientras Ricardo Anaya ha dicho con toda claridad que de ganar las elecciones, nadie, ni el Presidente de la República, dejaría de ser juzgado, hoy es AMLO el primer defensor de Enrique Peña Nieto.
He aquí la razón de los ataques a Anaya: en 2014 y 2015, López Obrador repetía hasta el cansancio que el presidente Peña debía renunciar por incapaz y corrupto; por la falta de resultados en materia económica, social y de seguridad, y en 2017, hasta de falta de aplomo frente a Donald Trump, lo acusó, pero hoy ha prometido que no lo juzgará y que estaría dispuesto a “fumar la pipa de la paz con Carlos Salinas y Enrique Peña, entre otros políticos”.
En contraste, Ricardo Anaya ha dicho con toda claridad que “mientras no haya consecuencias al más alto nivel, seguirá aumentando la corrupción, por eso propongo una fiscalía autónoma que investigue al presidente Enrique Peña Nieto y su papel en la Casa Blanca y los demás escándalos del sexenio y, si resulta culpable, como cualquier otro, terminará en la cárcel”.
Esta posición de Anaya, respaldada por los tres partidos que conforman la coalición que lo postula, no está basada en la venganza, sino en el más elemental principio de justicia y en la firme convicción de que para que México avance hacia mayores niveles de bienestar y desarrollo, y se termine con la violencia y la inseguridad, es indispensable abatir la corrupción, es lo correcto y lo urgen-temente necesario y como ya ha sido expresado por el propio López Obrador, éste claudicó de abanderar la causa del combate a la corrupción y de reivindicar las demandas de justicia de las y los mexicanos, para prometer, a cambio de que lo dejen pasar, amnistía. AMLO ya pactó con el PRI y la única opción de cambio real es Ricardo Anaya. No nos equivoquemos.