Aquí sigo

Por Adrián Díaz Uno de los grandes temores del ser humano es envejecer. En muchas sociedades es sinónimo de inutilidad, desaliento, despido, enfermedad, pobreza y abandono. Aunque mucho se cita: “Es feo llegar a viejo, pero es más feo no llegar”, ésta es una ...

Por Adrián Díaz

Uno de los grandes temores del ser humano es   envejecer. En muchas sociedades es sinónimo de inutilidad, desaliento, despido, enfermedad, pobreza y abandono. Aunque mucho se cita: “Es feo llegar a viejo, pero es más feo no llegar”, ésta es una de las grandes cruces que carga mucha gente agobiándose y acongojándose.

Desmitificar lo antes citado es lo que hace Lorenzo Hagerman con este trabajo. A lo largo de tres años y en diferentes periplos que engloban México, Canadá, Costa Rica, Nicaragua, Italia, España y Japón, el también cinefotógrafo explora la vida de diferentes ancianos, cuyas edades van de los 90 a los 100 años, para registrar la percepción que tienen de la vida.

A través de sus anécdotas, en las que las pérdidas, las ilusiones, sus andanzas, su sentido del humor va saliendo a la luz, un retrato dulce y encantador se apodera de los sentidos del espectador. No se percibe enojo con la vida, no hay enfermedades, aún hay sueños; además de compartir la longevidad, y pese a las diferentes latitudes, todos comparten sabiduría, aquella que sólo se adquiere con el paso de los años y aquella que permite comprender el entorno.

La historia de vida de estos personajes contagia y se antoja ¿Tendrán algún secreto? Ésa es una de las incógnitas, así como muchas más, que invitan a ver esta propuesta que funge como una apología a los llamados años dorados, todo salpicado de dulzura, inteligencia, sentido del humor  y tacto para contar las cosas. En la sencillez de su montaje radica su luminosidad, la vejez nunca antes había sido tan esperanzadora. 

  • DIRIGE Lorenzo Hagerman.
  • Actúan Documental.

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