El código enigma
Por Alonso Díaz de la Vega Explicar los muchos errores históricos de El código enigma 2014 sería una reiteración o, en el peor de los casos, un plagio del excelente artículo de Christian Caryl “A Poor Imitation of Alan Turing”, que apareció hace unos meses en la ...
Por Alonso Díaz de la Vega
Explicar los muchos errores históricos de El código enigma (2014) sería una reiteración o, en el peor de los casos, un plagio del excelente artículo de Christian Caryl “A Poor Imitation of Alan Turing”, que apareció hace unos meses en la revista New York Review of Books. Pero, por otro lado, explicar esos cambios y su aparición en varias nominadas al Oscar como Mejor Película podría revelar la transformación de la religiosidad en nuestro tiempo.
En la antigüedad, el don de la profecía significaba hablar la palabra de Dios; ser su mensajero y el guía de su pueblo. Pero cuando los movimientos políticos adquirieron la fuerza social de la reforma y la revolución, ya no fueron profetas los intérpretes de la voluntad divina, sino los de la voluntad popular. De Moisés al Ché Guevara, el mundo cambió en las etiquetas, no en las formas. Pero en el presente, cuando los menospreciados de ayer adquieren un poder mayúsculo, el profeta no habla por muchos, habla por los pocos.
Alan Turing (Benedict Cumberbatch), en El código enigma, se comporta como una figura mesiánica, capaz de descifrar el lenguaje de la naturaleza, las matemáticas, para esclarecer la realidad. Con la ayuda de sus apostólicos compañeros, este hombre incomprendido y negado, culminará su existencia en un calvario de tratamientos médicos, para después resucitar en las enciclopedias. El código enigma, en sus inquietantes similitudes con la vida de Cristo, no es sólo un recuento de la vida de un hombre extraordinario. Es un evangelio. Si Jescuristo inventó el Occidente, Turing inventó la modernidad. Las invenciones y exageraciones de la película nos recuerdan el método narrativo de los apóstoles que discutió en alguna ocasión Norman Mailer con el entrevistador Charlie Rose: la interpretación. Para convertir a quienes escucharan la historia de Cristo, Mailer sospecha que los apóstoles exageraron, manipularon e inventaron para hacerla grandiosa, imposible y, por absurda, creíble. Credo quia absurdum.
En nuestra edad secular, Turing, padre de la computación y la inteligencia artificial, mártir homosexual, es una figura central para un par de sociedades antes rechazadas y hoy en cierta medida dominantes: los nerds y los gays. Enaltecer su biografía ante el precio de inventar a otro Alan Turing es el método evangélico que cambiará nuestras actitudes ante estos grupos. Ava DuVernay hace lo mismo en Selma (2014), donde Martin Luther King Jr. enfrenta a un indolente Lyndon Johnson, muy distinto del real. En La teoría del todo (2014), James Marsh resumió la vida de Stephen Hawking a su lucha contra la enfermedad. El cine se acerca a la destitución de la historia para crear una iglesia del estilo de vida. El texto sagrado es reemplazado por la épica en celuloide. El héroe real padece la apoteosis. La biblioteca se hace tan fútil como indispensable ante el cine evangélico.
Dirige:
- Morten Tyldum.
Actúan:
- Benedict Cumberbatch.
- Keira Knightley.
