Río 2

Por Alonso Díaz de la Vega Conforme el cine de entretenimiento se transforma en un producto serial, aparece el problema de la originalidad. Ante la vastedad de la mitología y la literatura, sería ridículo pedir nuevas historias; sin embargo, la visión no debería caer ...

Por Alonso Díaz de la Vega

Conforme el cine de entretenimiento se transforma en un producto serial, aparece el problema de la originalidad. Ante la vastedad de la mitología y la literatura, sería ridículo pedir nuevas historias; sin embargo, la visión no debería caer cómodamente en la recurrencia, sino ser la base de algo único. Río 2 padece de heredar la misma visión de otras franquicias animadas que fueron auténticas no por ser las primeras, sino por su inmensa personalidad.

Con un ambientalismo inferior al de Wall-E (2008), un humanismo menor que el de Ratatouille (2007), y un humor a veces negro, comparable con el de la franquicia Shrek, Carlos Saldanha ha mejorado, pero no trascendido, los vicios de Río (2011): la crítica sobrepasa el prejuicio que tenía la primera parte sobre los problemas brasileños; ya no nos encontramos del todo con un vehículo de cantantes de pop y hip hop, como lo fue aun más Hotel Transilvania (2012), y tampoco hay un énfasis en la promoción turística, a pesar de que se manifiesta durante el viaje de Blu y su familia a la Amazonia.

Aunque la historia de cómo la ñoña ave de Minnesota conquista a su rudo suegro y de paso salva el Amazonas es menos que una subversión de los estadunidenses en el extranjero de Ernest Hemingway o de Un americano en París (1951), de Vincente Minnelli, Saldanha usa a Blu no para criticar la muy estadunidense cultura del gadget sino para conciliarla con la naturaleza. El final, que culmina en la integración, más allá de la simplona adaptación a un nuevo entorno, es el triunfo de una cinta que no define su identidad ni en los gags, pues recurre a la parodia de Electrodanza (1983), ya hecha antes en Shrek 2 (2004).

Sin ser un fracaso, Río 2 no es una aportación relevante al cine infantil o de animación. Quizás en la visión de la muerte y la depredación en violentos y originales chistes, y en la utilización de motivos operáticos reminiscentes de Puccini o Wagner, Río 2 encuentra una creatividad individual y una voz única que deberían fortalecerse en el caso de otra secuela.

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