Agoniza el multilateralismo
Culpar a la OMS de la tragedia estadunidense por el covid-19 es una estrategia para desviar la atención de su pésima y tardía reacción.

Kimberly Armengol
Rompe-cabezas
La asamblea anual de la Organización Mundial de la Salud (OMS), con sus 194 Estados miembros, fue una muestra más de la agonía de las organizaciones multilaterales y su objetivo fallido del mantenimiento de la paz y el orden mundial.
Como dijera Donald Trump en 2016 refiriéndose a la ONU: “Es un club para reunirse, hablar y pasarlo bien ¡qué triste!” (no quepo en mi asombro por coincidir con el mandatario estadunidense en esta afirmación).
En esta asamblea anual, Donald Trump declaró: “Si la OMS no se compromete a importantes mejoras sustantivas en los próximos 30 días, haré permanente mi suspensión temporal de fondos y reconsideraré nuestra afiliación al organismo”.
De ser cierta la amenaza del magnate, la OMS estaría recibiendo sólo 10% de las contribuciones estadunidenses, poniendo en una situación vulnerable a una de las organizaciones más activas a nivel mundial.
Culpar a la OMS de la tragedia estadunidense de cara al covid-19 es una estrategia para desviar la atención de su pésima y tardía reacción para contener la pandemia.
La amenaza relacionada con los fondos presupuestarios de los organismos pone en entredicho su actuación e independencia de sus mayores fondeadores. Un tema que ha puesto contra las cuerdas a la Organización de las Naciones Unidas desde su creación y al tan desprestigiado Consejo de Seguridad. Una organización que es un monumento a las más loables aspiraciones internacionales, pero que en la realidad sirve para poco.
El Consejo de Seguridad, con su corrupto derecho de veto de los países más poderosos hasta los Cascos Azules, que son culpados de atrocidades, nos indica la urgencia de una reforma en estas instituciones. Pudieron ser una guía en 1945, hoy su funcionalidad se cuestiona.
La FAO, Unicef, OIT, PNUMA, ONU-Mujeres y una decena más de organismos nos recuerdan lo bien organizada que está la ONU, pero lo poco efectivas de sus acciones.
Si los organismos internacionales no son capaces de tener autonomía por el tema de contribuciones y presupuesto, su actuar difícilmente corresponderá a lo establecido en el derecho internacional y a los estándares de justicia para todos. Como muestra sería pertinente analizar los fracasos en Darfur, Siria, Kosovo, Yemen y, actualmente, Irán. ¿A dónde va el sistema internacional? ¿A la anarquía, a la confianza en un ente invisible o al aislacionismo?
POST SCRIPTUM
Es vergonzoso que la burocracia mexicana (a través de la Cofepris) atente contra la salud e integridad de sus ciudadanos.
Sin el menor sentido común, se prohibió a los hospitales privados realizar la prueba serológica para el suero del plasma convaleciente que permite transferir anticuerpos de recuperados de covid-19 a los convalecientes. Apenas hace tres días fue autorizado. Una terapia que se utiliza en el IMSS y que tiene probado éxito en el mundo.
Ésta no es la única acción cuestionable de la Cofepris; hay que recordar que detuvo la producción de dispositivos de asistencia respiratoria que serían donados por Volkswagen, lo mismo sucedió con la Universidad Autónoma de Nuevo León, la UNAM y el IP.
La Cofepris, en su laberinto burocrático, pide requisitos que no exigen ni en las naciones más avanzadas del mundo. En momentos críticos, donde cada día están en riesgo cientos de vidas, no podemos darnos el lujo de demoras de esta índole.