Gobernar Pittsburgh
La salida de Estados Unidos del Acuerdo de París se inscribe en el contexto que llevó a Trump a la Casa Blanca: poner el interés de su país antes que cualquier necesidad internacional.

Kimberly Armengol
Rompe-cabezas
Desde mediados del siglo pasado, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se erigió como el policía del mundo. Esa nación se otorgó el rol de ser el faro que guía el destino del planeta: lo mismo emprender guerras a más de diez mil kilómetros de sus fronteras para defender los valores occidentales, que ser el puntal en cualquier acción en favor de la humanidad.
El rol de primera potencia mundial, el gran hermano, se ha convertido en una loza muy pesada para el ciudadano promedio de Estados Unidos. Ése que en la década de los sesenta vio a Mohamed Alí negarse a ir a la Guerra de Vietnam porque “el Vietcong no le había hecho nada”. Su voz era mucho más grande que la comunidad negra o musulmana, era la voz del ciudadano promedio.
Muchos años después, Donald Trump ganó las elecciones con ese mismo espíritu: atender las necesidades del estadunidense en su país, antes que cualquier otra cosa. El ciudadano promedio que desea que su gobierno piense local y actúe local.
Una nación que deje de “resolver” o intervenir en los problemas de Oriente Medio o de financiar a la OTAN, que envíe a sus jóvenes en misiones conjuntas a pelear guerras en tierras lejanas en contra de entelequias.
El Presidente de Estados Unidos es contundente cuando exige a los miembros de la OTAN que paguen sus cuotas antes de exigir mayores esfuerzos a su gobierno. Sin embargo, la reacción de la comunidad internacional es abiertamente contraria, puesto que están acostumbrados a beneficiarse de la beligerancia extrafronteriza de los estadunidenses y su ansia de controlar todo.
La determinación de salir del Acuerdo de París se inscribe en el contexto que llevó a este hombre a la Casa Blanca: poner el interés de Estados Unidos antes que cualquier necesidad internacional. El mandatario lo sintetizó al señalar que: “Fui electo por los ciudadanos de Pittsburgh, no de París”.
Desde su campaña, Trump dejó claro que los temas internacionales serían secundarios en comparación con los locales. Únicamente sería Presidente de Estados Unidos, no menos, pero tampoco más.
Este hombre se concentra en las necesidades del ciudadano promedio de su nación y de ahí surge buena parte de las pasiones que ha levantado, en favor y en contra.
Esa persona de Minnesota que no tiene interés en conocer el mundo y, mucho menos, resolver los problemas de la humanidad. Que su deseo es que América vuelva a ser grande con base en una muy profunda introspección, concentrarse en ellos y sus intereses exclusivos.
La reacción de la comunidad internacional es de orfandad. El interés en el TPP se perdió cuando Estados Unidos decidió no participar en él, bajo el principio de que todos querían obtener mayores ventajas comerciales. No fue sino hasta esta semana cuando los miembros del acuerdo decidieron continuar sin Estados Unidos.
Ante la salida del Acuerdo de París hubo quienes dieron por hecho que el combate a la contaminación habría terminado. Emmanuel Macron, presidente de Francia, ha sido el único que ha mantenido una actitud constructiva en el sentido de seguir avanzando a pesar de la decisión de Trump.
Ha llegado el momento en el que la humanidad comprenda que Estados Unidos no jugará por un tiempo más el rol de buscar la armonía internacional, irá por sus intereses sin importar las consecuencias colaterales. Una era en que las naciones deberán asumir posiciones proactivas y dejar de lado la codependencia con Estados Unidos.
Post Scriptum
Las insultantes palabras tanto de Nicolás Maduro como su canciller Delcy Rodríguez en contra del gobierno mexicano pueden tener una doble lectura: la reacción de Venezuela ante lo que consideran una intromisión indebida en sus asuntos internos por parte de México o una batalla, soterrada, en la que los chavistas pretenden colaborar con Morena en la búsqueda de que este partido pueda ganar las elecciones en México.
El tono, abiertamente provocador, del gobierno venezolano es una trampa en la cual no deberá caer el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray.
Twitter: @kimarmengol