PAN: octagenario y con tareas

La coyuntura de aquel momento se replica hoy. La4T postula un cambio radical en los paradigmas políticos y económicos y abandona los principios neoliberales vigentes en los últimos 35 años para hacer historia con un nuevo capítulo de una utópica justiciera, sin corrupciones y sin violencias

Celebrando el 16 de septiembre.

El PAN nació como una respuesta al sistema de gobierno, que encabezaba el presidente Lázaro Cárdenas del Río que aterrizó a nivel del campo la Revolución de 1910. En sus planes sexenales se consolidaba un régimen que exaltaba el reparto de tierras y promovía una sociedad organizada en los sectores campesino, de maestros y trabajadores industriales dirigidos por líderes. El control electoral era completo. Una parte importante de la población sufría las repercusiones del muy publicitado reparto de tierras y de la política nacionalista del gobierno. La expropiación petrolera de 1938 y la inminencia de la Segunda Guerra Mundial daban un ambiente de confusión que cuestionaba las intenciones y se dudaba del progreso. Sobre todo, la sociedad mexicana necesitaba hallar la convivencia nacional sin desplantes militares.

La campaña presidencial de José Vasconcelos, en 1929, ofreció un horizonte de libertad cívica por todo el país y su derrota caló hondo en la consciencia nacional. Manuel Gómez Morín, abogado chihuahuense y uno de los “siete sabios”, lo había acompañado en el intento. Como funcionario contribuyó a la creación de instituciones como el Banco de México. Respaldado en un amplio número de ciudadanos, Gómez Morín fundó el Partido Acción Nacional. Constituido el 16 de septiembre de 1939, el PAN iniciaba su “brega de eternidades” para abrirle al pueblo de México la puerta para determinar libremente su destino. El tema rebasaba el “sufragio efectivo, no reelección”. Se definían en esos años las líneas que el país seguiría para su desarrollo. Estaban en juego los elementos constitutivos de una nueva sociedad como el respeto a la persona humana, la función social de la propiedad privada y el control democrático de las decisiones del gobierno.

A la mitad del siglo XX, momento en que los discursos políticos y administrativos fijaban la fisonomía de México, era necesario corregir una visión étnica reduccionista de la sociedad mexicana, adaptada a las conveniencias oficiales del gobierno. Convencido y respetuoso de la cultura mestiza que fusionaba las dos raíces de México, el PAN ofrecía un equilibrio entre la propuesta racial de la Revolución que se institucionalizaba y la de una sociedad que respetaba a todos sus componentes dentro de una democracia en su sentido más completo y fecundo.

La coyuntura de aquel momento se replica hoy. La Cuarta Transformación de López Obrador, postula un cambio radical en los paradigmas políticos y económicos y abandona los principios neoliberales vigentes en los últimos 35 años para hacer historia con un nuevo capítulo de una utópica justiciera, sin corrupciones y sin violencias. La propuesta no pide unidad nacional. Reviviendo el pasado de asonadas de liberales y conservadores del siglo XIX, persiste en dividir a México en dos bandos. Se repite sin cesar el mantra que ancla todo mal actual en los gobiernos neoliberales anteriores lo que resuelve las muchas críticas que recoge el suyo. Se olvida que no importan las etiquetas; lo que vale es el servicio eficaz.

El PAN, por su parte, puede cumplir su misión si propone, como en 1939, el camino hacia el bien común aplicando los principios de solidaridad y subsidiaredad. El que la oposición al régimen de AMLO no sea tan diametral, como era la oposición en 1939, puede ayudar. Los conceptos eran más claros. Hoy todos se jactan de democráticos, pero pocos de los que se declaran cerradamente contrarios a la Cuarta Transformación están dispuestos a llevar su oposición hasta donde peligren ya no sus intereses, sino su comodidad. En contraste, muchos panistas sacrificaron a lo largo de 80 años su bienestar personal y el de sus familias en aras de los principios en que creían.

Hoy, el enemigo del buen gobierno es la desorientación. Faltan métodos y líderes confiables. Los Estados Unidos, los países europeos y, desde luego, los latinoamericanos, se han contagiado. Las crisis en los partidos hacen irónico un llamado a elecciones que complican el problema. En esta confusión, el PAN cuenta con un mejor arsenal de iniciativas. Si desecha conflictos internos podría dedicar a sus miembros a resolver los problemas interminables sociales que en cada localidad están a la vista con acciones prácticas, muchas inmediatas y directas, para atender las simples necesidades del ser humano, que se resumen en casa, vestido, sustento, seguridad y empleo… hay mucha tarea, los discursos solo entretienen.

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