Norteamérica y México

Son imprevisibles los cambios en los equilibrios socioeconómicos y políticos que estamos presenciando en distintas regiones del mundo

Más pasa el tiempo y más aumenta la variedad de implicaciones que para nosotros significa ser miembros del Tratado Trilateral Norteamericano, T-MEC, que nos coloca en estrecha y constante relación con nuestro vecino, los Estados Unidos. El que en el consorcio internacional seamos una potencia media, como lo es nuestro otro socio, Canadá, nos abre opciones que pueden y deben ser aprovechadas.

Tenemos, por otra parte, que aceptar los ajustes que, con notable dinámica, se están forjando en los equilibrios socioeconómicos y políticos internacionales. También deben ser tomados en cuenta para convertirlos en factores de crecimiento.

Las prioridades comienzan en casa. Nuestra tarea básica comienza por atender las funciones fundamentales del buen gobierno, a saber: ofrecer condiciones de seguridad, atención a la salud, educación y un clima de oportunidades iguales para el desarrollo personal de cada ciudadano. En segundo lugar, hay que desarrollar nuestros recursos humanos y materiales para convertirlos en los productos y servicios con que son demandados por nuestra población y en los mercados extranjeros.

Atender las responsabilidades locales mencionadas, no sólo las elementales. Hay que inspirar a la sociedad en los valores que distingan y enriquezcan su vida.

Es aquí donde importa la última finalidad que dé sentido y orientación a la comunidad. La solución de los problemas de cada área está directamente influida por la finalidad que se tenga como meta. El asunto no sólo es técnico, supuesta la decisión de remediar un mal o de corregir un defecto, importa el fin que se tenga en mente para la utilización del objetivo realizado.

Siempre se tiene que tener claridad en el objetivo que se persigue y el propósito final de la actividad. Los gobiernos son los que proponen a la población los fines de la colectividad idealmente en consulta con ella. Existen catálogos que definen a los países. Un ejemplo frecuente es la definición de países en cuanto al grado en que se ciñen al mandato popular a través de mecanismos políticos confiables. Los países pueden definirse si son democracias plenas o bien meros sistemas personalistas o son regímenes “híbridos”. Es frecuente que en las evaluaciones la clasificación del gobierno de México sea definido como parcialmente democrático.

Es evidente que para efectos reales poco importa la calificación que merezca un país desde el criterio que se desee. Lo importante está en la realidad de cada ciudadano en cuanto a las posibilidades de realizar su propia intención, preferencia, o su agenda personal de vida.

En este sentido, lo que importa es que el gobierno respete la voluntad que su población le exprese. La medida es la libertad que se goce con respecto a la forma de desarrollar dicha actividad. Las metas que busquen realizarse dependen de la elección que anuncie el gobierno.

En México se tiene en alto valor la libertad que cada ciudadano siente en su vida personal y comunitaria. El respeto a la decisión personal es crítico. Hay más que suficientes evidencias de cómo el pueblo mexicano ha rechazado opciones que no respetan esta realidad.

El que seamos parte crucial para la existencia y justificación del T-MEC no significa que hemos de identificarnos con nuestros socios en cuanto a características políticas y de idiosincrasia, ya que nuestras circunstancias son distintas a las de Canadá y las de Estados Unidos. México tiene su propia agenda para completar las modalidades del sistema que mejor corresponda con nuestra personalidad.

Son imprevisibles los cambios en los equilibrios socioeconómicos y políticos que estamos presenciando en distintas regiones del mundo. Las guerras y las muertes que actualmente sacuden, laceran y rompen la tranquilidad de tantos pueblos. Las actuales confrontaciones han interrumpido el avance y los procesos de desarrollo, dejando desolación y nuevas huellas en las relaciones entre los países y que por el momento no podemos prever.

En la etapa de confusión que se vive en el mundo, México no debe perder su propio rumbo, mismo que le debe servir para imprimir su propio mensaje en las alianzas que haya forjado, empezando por la que se tiene con nuestros dos vecinos al norte.

Para ello, es indispensable que el gobierno mexicano complete la labor de dotar al país de una democracia firme dejando atrás “reformas” tóxicas. Requerimos adquirir una sólida autoridad con un reconocimiento a nivel mundial para efectivamente contribuir al bienestar y a la paz.

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