Modi, su salto retro

Se identifica a Modi con su terca promoción de la Hindutva, la ideología que concibe a la comunidad india como una sociedad exclusivamente hindú.

La India tiene dos nombres: el de India, que todos conocemos, y el antiguo: Bharat.

Para sorpresa de muchos el BJP, partido popular de la India, en las recientes elecciones no alcanzó la mayoría critica en la Cámara baja, lo que le hubiera permitido al primer ministro Narendra Modi realizar los cambios fundamentales que quería realizar. No obstante, Modi se las ingenió para reelegirse una vez más.

Tras de diez años en que condujo a su país a una etapa de brillante éxito socio económico, su partido, el Baratiya Janata, perdió momentum y con ello, su espacio dominante en la Cámara baja, Lok Sabha.

Ahora, Modi gobernará con una coalición ensamblada con dos partidos, uno claramente de izquierda y el otro de arraigo regional. Se regresa a la coalición que su partido tenía en 2014 bajo el liderazgo del BJP, de Atal Behari Vajpayee .

El desarrollo de la India en los últimos años ha sido imparable. El impulso que Modi dio a la economía resultó en mejores niveles de vida. Lo había realizado como ministro en jefe del Estado de Gujarat lo que animó al electorado, incluso al empresarial, a entregarle el poder y ahora extenderlo hasta un nuevo lapso atento a las perspectivas de un BJP más favorable a sus intereses y cercano a las economías de los países adelantados de occidente.

India pertenece al grupo BRICS inaugurado en 2004, también participa activamente en el grupo G7, que acaba de reunirse para coordinar sus programas de desarrollo. Modi confía continuar alentando la economía india. Hay quienes anticipan que pronto llegará a estar entre las mayores potencias del mundo.

La opinión mundial también identifica a Modi con su terca promoción de la Hindutva, la ideología que concibe a la comunidad india como una sociedad exclusivamente hindú. Aunque más de 80 por ciento de la población se declara hindú, esa visión anclada en el legendario Mahabharata se dedica a hostigar otras religiones, muchas de ellas de gran antigüedad, hasta el grado de promover agresiones, persecución y muerte.

Los tiempos son otros. La India actual no es una primigenia comunidad de unos cuantos creyentes, sino una de 1,400 millones de pobladores, la más grande del mundo, registrados en un padrón electoral de casi 960 millones de votantes. Las elecciones se realizan en cuatro distintas fases que abarcan cuatro meses.

Hoy en día, poco más de 80 por ciento de la población se declara hindú. Los 200 millones de musulmanes representan 14% de la población, sufren las inseguridades reminiscentes de los años previos y posteriores a la Partición de 1948. Los cristianos son 2.3 por ciento, los sijs 1.7 por ciento. Todas las religiones son objeto de trato semejante. Las leyes restringen el comportamiento hasta lo más detallado, obligando seguir los usos y costumbres hindúes y prohibiendo cualquier otro.

Esta meta contrasta con la Constitución formulada de 1948, que atraviesa el mosaico religioso del país para establecer un estado laico sin preferencias religiosas ni de credos.

El impulso que Modi dio a la economía ha dado como resultado mejores niveles de vida, consolidando al país como potencia mundial, hasta el grado de que hay quienes anticipan que pronto llegará estar entre las potencias mayores del mundo.  

Debe tener cuidado Narendra Modi en esta nueva extensión a su poder, ya que se está desgastando el aliento inicial. Los empresarios que impulsaron con entusiasmo sus políticas ahora temen el exagerado Hindutva, que divide al país en reacciones violentas.

India requiere modernizar sus regímenes y ajustar políticas como la de desmonetización y la digitalización total de la economía. Pero su imagen internacional más visible ha sido el programa ideológico que confirma a la India como un estado hindú.

La influencia que India ejerce está en su papel de atemperar las tensiones y ansias hegemónicas de China, que participa cada vez de más en asuntos geopolíticos.

India crece en importancia en los intercambios con México, aunque sus inversiones son menores que las de China. La presencia india en la economía mexicana va creciendo y debe alentarse en las ramas científicas y cultural.

Las semejanzas entre México y la India están en la solidez de la mentalidad nacional, que se reforzaron en tiempos de AMLO y de Modi. El mundo avanza.

El tercer periodo de Modi se extenderá hasta el año 2030, que coincide con el de Vladimir Putin y el de nuestra flamante presidenta Sheinbaum. En los tres casos, la tentación de hacer historia es un reto y a la vez un cebo envenenado.

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