Los meta derechos humanos
Es una fortuna que la prohibición del uso de armas nucleares se haya bloqueado evitando que se produzcan mayores estragos humanos y materiales, como los sucedidos en los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, Japón, hacia finales de la Segunda Guerra Mundial. Por ello, no debemos abandonar la confianza para que prevalezca el logro de la paz.
La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 fue el evento que constituyó los fundamentos de la evolución del desarrollo moderno de toda sociedad.
Siglos después, en 1948, el texto de la Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas se inspiró en el texto emanado de la Revolución Francesa. No ha habido otro cimiento más significativo para el desarrollo de las comunidades.
Hasta ahora, la vida de cada individuo se horma en función de la comunidad a la que pertenece. El agricultor, el artesano, el comerciante, el panadero, el soldado, el funcionario público, cada uno por igual se enfrenta para adaptarse y realizar sus actividades y obligaciones, respetando sus propias características y las de su quehacer. Así se asegura la individualidad para que la sociedad marche dentro de las normas y sus innúmeras variantes, procurando siempre la sana convivencia.
Durante todos los siglos las sociedades han mantenido su existencia en relación con las necesidades de sus miembros y así con el tiempo se han ido perfeccionando.
La vigencia de los derechos humanos reside en todo el actuar del individuo y, por lo tanto, conlleva la responsabilidad de cada uno frente a sus derechos y deberes.
Lo anterior es así, tanto que el progreso de las sociedades se entiende en la medida en que las personas son capaces de fundirse e identificarse con su entorno.
La realización de los derechos personales está en función de la transformación personal y en la capacidad de cada quien. Hasta aquí la operación formal de los derechos universales consagrados en las constituciones de casi todos los países del mundo.
Son bien claras hasta para los regímenes más retrógrados, las limitaciones que tienen los gobiernos populistas del momento, hasta los crímenes que pretenden infringirles a sus pueblos. No hay, desde luego, armas suficientes para detener los abusos que pretenden.
Pero el consenso internacional, particularmente en los países más desarrollados del mundo, se ha consolidado para confirmar que hay un sector de los derechos humanos que deben ser respetados en cualquier circunstancia. Interiorizarnos en esta área es de particular importancia.
Ahora hemos llegado a la nueva etapa en la que hay que saber incorporar nuevas formas de desarrollo respetando las que ya están fundidas en nuestras leyes y que son los derechos sociales considerados como dogmáticos.
Hay áreas que esperan solución aun cuando la realidad en que se encuentran está en feroz desequilibrio costando miles de millones de vidas humanas y de recursos naturales.
Es una fortuna que la prohibición del uso de armas nucleares se haya bloqueado evitando que se produzcan mayores estragos humanos y materiales, como los sucedidos en los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, Japón, hacia finales de la Segunda Guerra Mundial. Por ello, no debemos abandonar la confianza para que prevalezca el logro de la paz.
Están por llegar etapas enteramente nuevas que incluyen nuevos derechos siempre humanos, hasta ahora inexplorados que aún están por descubrirse conforme a los avances de las ciencias.
Los problemas demográficos, la especulación académica y todo lo relativo a nuestro hábitat forman los nuevos espacios que ensancharán nuestra visión cósmica a realidades que desde ahora están por venir.
Hay que apartarnos de la masificación, porque es justo lo que buscan los gobiernos autoritarios que aspiran manejar a las masas dominadas por conceptos prefabricados a su antojo.
Existen miles de organizaciones sociales en todo el mundo dedicadas al respeto de los derechos humanos que funcionan contrarrestando las deficiencias a veces hasta criminales de los gobiernos. Ejemplos hay muchos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch.
El secreto del progreso que nos espera depende, precisamente, de la voluntad de los miembros de nuestras sociedades bajo el respeto, ante todo, de los derechos de cada uno. Sólo así habrá futuro.
