La insatisfacción:

“Tu trabajo va a ocupar gran parte de tu vida, y la única forma de estar realmente satisfecho con lo que haces es haciendo un gran trabajo. Y la única forma de hacer un gran trabajo es amando lo que haces. Si aún no lo encuentras, sigue buscando. No te conformes. Como ...

“Tu trabajo va a ocupar gran parte de tu vida, y la única forma de estar realmente satisfecho con lo que haces es haciendo un gran trabajo. Y la única forma de hacer un gran trabajo es amando lo que haces. Si aún no lo encuentras, sigue buscando. No te conformes. Como todos los asuntos del corazón, sabrás cuando lo hayas encontrado.” Steve Jobs

Nos ha tocado vivir en un periodo de transición. Es como haber nacido dentro de una crisis existencial colectiva y, por lo tanto, lo que universalmente buscamos es encontrar la forma de experimentar la paz y la estabilidad. Ayer compartí la tarde con cinco amigas. De todas, tres hemos tenido que transitar por el doloroso proceso del divorcio. Soy muy mala con los porcentajes matemáticos, pero si a aquella ecuación le agrego que la cuarta nunca se ha casado y la restante, por lo que deja ver, no parece estar del todo feliz en su rol de esposa, pues el resultado parece desalentador. Es cuestión de observarnos y observar para caer en cuenta de que la palabra satisfecho implica estar completo, expandido, vivo y abierto. Una persona feliz sabe que su estado no se debe al tenerlo todo, sino al saber  renunciar a muchas cosas para elegir otras. Una persona satisfecha es alguien que reflexiona sobre su propia vida e intenta aprender de sus errores en vez de fijarse en los del otro. La mayoría de las patologías sicológicas proviene de considerar que no somos lo suficiente, que no amé lo suficiente, pero tampoco me amaron, que no tuve lo que necesité, que no tengo lo que otro tiene, que no crecimos, que no entendimos, que sufrimos por lo que no creamos, que no reí bastante ni vi, ni toqué ni escuché ni dije; que no bailamos tanto, que no lo logramos ni gozamos ni hicimos.

Me dediqué a prestar atención a cada historia y, aunque cada una pareciera ser distinta, he encontrado un común denominador: la propia insatisfacción. Existe en el fondo de todo ser humano un hueco, lo vamos llenando con lo que amamos, con nuestras pasiones, con lo que aprendemos, con eso que nos provoca curiosidad, con lo que vamos coleccionando de esos miles de mundos a los que tenemos acceso con tan sólo salir a la calle y sonreír;  sin embargo, pareciera que, en vez de regocijarnos con el milagro de estar vivos y con todo lo logrado, vivimos pendientes de aquello que nos falta, buscamos satisfacer ese deseo y llenar el vacío de cualquier manera, de preferencia de forma inmediata. Hemos caído en la trampa de la publicidad y de una sociedad superflua que nos inventan necesidades falsas, y al consumirlas de manera innecesaria alimentamos el hambre, se va haciendo más profundo el pozo, se va secando poco a poco al no regarlo de amor, de compasión, de empatía, de asombro y agradecimiento. Por otro lado, el no conformarnos indica que tenemos ambiciones, que deseamos más, que aspiramos, que escuchamos esa voz interna que nos dice que llevemos nuestro sueño más allá de la imaginación. La insatisfacción es un motor, pero no hay gasolina que alcance para el eterno insatisfecho. Para vivir aceptando lo que somos y deseamos hay que perseverar y valorarse, aceptar los propios límites, liberarse de envidias, de dudas infinitas, y sobre todo de aquel infantil afán de controlarlo todo… Todo cambia… La existencia es un milagro y es finito. Hay frases que son llaves, la anterior abre la puerta hacia una vida plena, sólo es cuestión de atravesarla y estar dispuestos a materializar la magia.

Cinco circunstancias, cinco novelas llenas de accidentes existenciales, aprendizajes, sabiduría, emociones. Ninguna terapia se compara a una tarde entre amigas, es ahí donde se crean esas referencias que le dan perspectiva a nuestro cuento. Ayer por la tarde se me ocurrió un experimento: les propuse que pasáramos el resto de aquellas horas cuidando cada palabra que saliera de nuestra boca. En los espacios externos todo es cuestión de arquitectura, en los internos estructuramos nuestras ideas con ladrillos hechos de letras. Para cambiar nuestros propios universos debemos comenzar por elegir los términos correctos. ¿Qué pasaría si cambiamos algunos conceptos? Imagina por un instante que intercambias la palabra disciplina por devoción, compromiso o entrega por sacrificio, si bautizamos al final como principio e incluimos en nuestras frases cotidianas palabras hermosas como amor, fuerza, paciencia, curiosidad, propósito, impulso y sentido. No sería fantástico eliminar de nuestras conversaciones vocablos como miedo, odio, problema, imposible y fracaso. Si vamos a narrar nuestra propia historia deberíamos honrarla, mínimo, expresándola de una forma bella. No importa lo que nos haya sucedido, al destilarlo correctamente por ese filtro luminoso seremos capaces de ir desvaneciendo esa terrible sensación de angustia y frustración. Ayer Marcela hablaba sobre desafíos, y de reoído me alcanzaba alguna palabra como compasión, que Leonora le respondía. La mesa cobró otro tono por completo. La mujer que se quejaba amargamente sobre su situación marital terminó riendo a carcajadas.

Creo que no he intentado meter suficiente devoción en la cama con mi marido, pero de ahora en adelante lo haré con entereza, con aaaamooooor, pronunciaba alargando las vocales, con curiosidad, ¡ay!, me urge curiosearlo todo, después de 14 años de casados me entregaré al impulso, dijo en sarcástico. Jajajaja, se reía de estar utilizando, según ella, palabras domingueras, pero, al final, cuando se despidió, estaba tan contenta que les gritó a los meseros desde la puerta: “¡Enhorabuena!”. Eso nos hizo soltar la carcajada a las demás. Ya satisfechas de haber comido, bebido, platicado y reído delicioso nos despedimos, cada una se dirigió a su vida con una sonrisa de satisfacción.

Temas: