Imagine usted que administra un hospital hipotético que tiene la función de atender a toda la población de un municipio mexicano en el que viven derechohabientes del IMSS, ISSSTE, Pemex, Sedena, IMSS-Bienestar y del sector privado.
En una mañana, llegan a su hospital y con el mismo doctor seis pacientes masculinos de mediana edad con la misma enfermedad, pero el médico debe diagnosticar y prescribir con catálogos y criterios diferentes a cada uno de ellos, porque su cobertura es distinta y los catálogos de medicamentos y las herramientas de diagnóstico no son los mismos.
Seguramente ese médico le hará como pueda y en el mejor apego a su criterio clínico y a las posibilidades de cada paciente. Así los días en hospitales públicos y privados en todo el país. Por supuesto, los desenlaces de esos pacientes serán distintos.
Ahora imagine el reto de comprar un catálogo infinito de tipos y subtipos de medicamentos, dispositivos e insumos para atender las diferencias institucionales. Piense por un momento, además, en los programas de formación y actualización para los profesionales de la salud.
Así nuestro heterogéneo y fragmentado sistema de salud que la administración actual busca universalizar, esto es, que todos los mexicanos tengan acceso a atención médica de calidad homologada, sin importar el hospital al que acuda, especialmente en el sector público.
En 2025 el gasto anual promedio por persona en las instituciones de salud pública en México mostró contrastes significativos. Por ejemplo, mientras el IMSS invirtió unos 9 mil 635 pesos por derechohabiente, el IMSS-Bienestar sólo dispuso de unos 3 mil 624 pesos anuales por afiliado.
Por esta razón, homologar el manejo clínico de los pacientes hacia prácticas validadas y científicamente probadas es el necesario y urgente punto de partida. Ése es el objetivo de los Protocolos Nacionales de Atención Médica (Pronam), recientemente publicados bajo la gestión de la doctora Patricia Clark, secretaria del Consejo de Salubridad General (CSG).
Los Pronam establecen las directrices obligatorias para la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades prioritarias, unificando criterios en todo el sector salud, tanto público como privado. No son sólo guías técnicas, son el eje central de una universalidad y sí, es a largo plazo, pero es justamente la visión con la que debe rediseñarse el sistema.
Como ha destacado la doctora Clark, el objetivo central es que cualquier ciudadano reciba el mismo estándar de atención, independientemente de su afiliación institucional o ubicación geográfica para garantizar el acceso efectivo y de calidad a la salud consagrado en la Constitución.
Auxiliado por un comité ejecutivo integrado por representantes y expertos de las diferentes instituciones de salud –que ha trabajado bajo un riguroso proceso basado en evidencia científica–, el CSG publicó recientemente los primeros seis Pronam enfocados en el primer nivel de atención: cuatro corresponden a las enfermedades responsables de 80% de la carga en salud: obesidad y sobrepeso, hipertensión arterial, enfermedad renal crónica, diabetes tipo 2 y síndrome metabólico. Los dos restantes están enfocados en la prevención: atención durante los primeros mil días de vida y vacunación.
La estrategia incluye la alineación del catálogo de medicamentos e insumos y el despliegue de los protocolos en más de 20 mil 500 centros de salud y unidades rurales, apoyados en plataformas digitales públicas y cursos de capacitación con reconocimiento oficial para el personal médico. Además, para garantizar la actualización y mejora continua, se contempla evaluar y actualizar estos protocolos cada dos años para integrar posibles innovaciones terapéuticas y tecnológicas.
Los Pronam son una herramienta de gran utilidad para los profesionales de la salud, no para su práctica clínica, porque también reducen el riesgo legal al permitir demostrar que se actuó conforme a estándares aceptados y basados en la mejor evidencia disponible.
