En una entrevista para la cadena BBC, el neurocientífico francés Michel Desmurget expresó: “El cerebro se puede comparar con una plastilina. Al principio es húmedo y fácil de esculpir. Pero con el tiempo se vuelve más seco y mucho más difícil de moldear”. La charla se realizó en 2020 y el científico sostenía que el uso excesivo de pantallas (teléfonos inteligentes y tabletas electrónicas, en general) se encontraba estrechamente vinculado con afectaciones en el lenguaje, la concentración, la memoria, el desempeño escolar, el sueño y la interacción familiar de las y los menores de edad.
En un informe emitido por la oficina del Cirujano General del gobierno de Estados Unidos, en 2023, se advirtió sobre la existencia de elementos que impedían concluir que las redes sociales fueran suficientemente seguras para las y los menores de edad, particularmente durante la adolescencia; además, se señaló que quienes pasan más de tres horas diarias en redes sociales enfrentan el doble de riesgo de presentar problemas de salud mental, incluidos síntomas de depresión y ansiedad. Se obtuvieron datos verdaderamente relevantes: el informe reflejó la relación del uso de las redes sociales con la insatisfacción sobre el propio cuerpo, desórdenes alimenticios, deterioro de la imagen frente a su grupo social y baja autoestima, especialmente entre las adolescentes.
En marzo de ese año, investigadores de las universidades Northwestern y de Oregon publicaron un estudio relacionado con la reversión del “efecto Flynn”, entendiendo por este término el fenómeno estudiado por James Robert Flynn sobre el aumento intergeneracional observado durante décadas en las puntuaciones de pruebas de coeficiente intelectual, análisis realizado a partir de 1984. Sin embargo, el estudio de los científicos de dichas universidades encontró que, entre 2006 y 2018, se registraron disminuciones en tres de los cuatro ámbitos cognitivos analizados en una amplia muestra de adultos estadunidenses, en contraste con el incremento que históricamente se había observado entre distintas generaciones.
Fue en octubre de ese mismo año cuando 33 procuradores y procuradoras generales de diversos estados de EU demandaron a Meta —fundada y dirigida por Mark Zuckerberg y actualmente conformada por Facebook, Instagram, WhatsApp, Messenger y Threads— al considerar que diseñó funciones para atraer a gente joven que sus propios empleados y ejecutivos sabían que podían resultar adictivas y dañinas. Como puede leerse en el comunicado oficial del 26 de agosto de este año de la procuradora general de Nueva York, Letitia James, la demanda sostiene que Meta diseñó algoritmos para mantener al usuario en sus plataformas el mayor tiempo posible mediante funciones adictivas. En esa fecha, Meta aceptó un acuerdo multiestatal, pendiente de aprobación judicial, por un mínimo de 12,100 millones y hasta 17,100 millones de dólares. Los recursos obtenidos serán destinados a diversos servicios de educación y salud mental para gente joven que vive en dichos estados; de la misma forma, la empresa se comprometió a realizar importantes ajustes a sus plataformas, entre ellos, limitar el tiempo que los menores de edad pueden permanecer en Facebook e Instagram.
Por si todavía no tuviéramos suficiente información negativa respecto al uso de pantallas, existe también un estudio publicado este año y disponible en la Biblioteca Nacional de Medicina del gobierno de EU referente a la revisión de estudios de neuroimagen entre niñas y niños de 0 a 12 años; encontró asociaciones con resultados neurobiológicos menos favorables: menor grosor de la corteza cerebral, menor integridad de la materia gris y blanca y alteraciones en la actividad y conectividad cerebral, lo que se relaciona, según el estudio, con menores habilidades de lectura y lenguaje, así como con un aumento de síntomas de ansiedad y depresión. Sin embargo, el propio estudio también arroja evidencia “positiva”, pues algunas actividades digitales estructuradas e interactivas se relacionaron con mejoras en la memoria de trabajo, la conciencia espacial y las habilidades motoras finas.
Como conclusión en esta entrega de nuestra Área común, escuché expresar a alguien: ¿le darías una botella con refresco de cola a un o una bebé? Si la respuesta fuera negativa por el daño que podría causar a su salud, entonces, ¿por qué sí darle una pantalla?
