Poco más de cinco semanas de apasionante futbol llegaron a su fin el domingo con la victoria de España sobre Argentina para consagrarse campeona mundial; culminando así un torneo en el que vino de menos a más, y en el que terminó demostrando ser la mejor selección del planeta.
Luego de un inicio incierto ante Cabo Verde, que incluso trajo injustificadas críticas al técnico Luis de la Fuente, principalmente en Madrid, en donde no le perdonaban el no haber convocado jugadores del Real Madrid, así como el hecho de que la base de la Furia Roja fue de futbolistas del Barcelona. Tras ese empate sorpresivo, los golpes mediáticos fueron severos, pero el timonel español se mantuvo firme. Poco a poco, España fue encontrando su mejor forma de juego y De la Fuente su mejor alineación, recuperando a tiempo a su estrella, Lamine Yamal, y aunque el crack de Barcelona no terminó por jugar al nivel que le conocemos, su presencia le da otra profundidad y peligrosidad al ataque.
Tras una fase de grupos sin brillantez, a partir de la siguiente ronda España mostró su mejor futbol. Siguió con la solidez defensiva de los primeros tres partidos, sin permitir anotación hasta el duelo de cuartos de final ante Bélgica (el único que recibirían en todo el certamen), además, una vez que el cuerpo técnico se decantó por un 11 titular, el juego fue mucho más preciso y fluido, basando el éxito en la escuela española de posesión de balón, jugar en campo rival, presionar la salida del oponente, asfixiándolo y provocando errores. Mencioné el gran trabajo a la defensiva, que más que estar basado en el talento individual está fundamentado en tener el balón y defenderse ofendiendo. España te quita el balón y no permite que juegues en su territorio, moviendo con precisión la pelota, descolocando a los rivales, cansándolos y encontrando espacios entre líneas para poder generar constantes disparos y llegadas de peligro.
La escuela que han forjado les ha permitido este éxito. Desde pequeños, a sus futbolistas se les enseña a jugar de una forma particular.
Es cierto que en las pasadas tres ediciones de la Copa Mundial España había fracasado, pero eso no significó un cambio de filosofía; aun cuando los resultados no se estaban dando, la idea era la misma y, sumada a la enorme producción de talentos jóvenes, el regreso a la élite no tardó tanto, porque mientras en Mundiales las cosas no resultaron como esperaban, llegaron a las semifinales de las dos recientes Eurocopas, ganando la de 2024 en Alemania.
Cuando se trabaja correctamente desde la producción de futbolistas, la federación también hace su labor desarrollando a los jugadores que llegan a ser convocados, agregando algo fundamental, un plan claro, con objetivos trazados, los triunfos, así, siempre estarán más cerca, y España logró pasar de su generación dorada, ganadora de un Mundial y dos Euros, a una nueva que, una vez más, se encuentra en la cima del futbol.
