Pagar renta por un inmueble puede convertirse, a largo plazo, en una fuerte carga para el bolsillo de cualquiera. En algunos casos, lo sabemos, el pago puede condicionar nuestro modo de vida o, incluso, alcanzar extremos que nos orillan a mudanzas impostergables.
Algo así le ocurrió al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), dirigido por Alejandra de la Paz, que debió buscar una nueva sede para el Salón de la Plástica Mexicana (SPM), luego de observar que el alquiler del edificio que ocupaba en la colonia Roma pasó de 92,800 pesos mensuales en 2014, a 236,872 en 2025, lo que implicaría un pago anual de 2.8 millones de pesos.
La decisión del INBAL fue consecuente y correcta: buscar otro espacio que le permitiera no derrochar el presupuesto. Así que, como adelantamos en esta columna, la nueva sede del SPM será el inmueble que aún ocupa el Centro Nacional Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (Cencropam), ubicado en San Ildefonso 60, el cual es propio y quedará vacío una vez que este Centro sea trasladado a la Bodega Nacional de Arte, como se informó desde 2020.
La mala noticia es que el INBAL aún paga la renta de al menos otros nueve inmuebles utilizados como oficinas administrativas y centros de educación artística, por un monto cercano a los 121.2 millones de pesos al año, IVA incluido, pese a que, de forma continua, las comunidades artísticas insisten en que el presupuesto cultural con que se cuenta es insuficiente. En consecuencia, el INBAL tendría que analizar si dichos pagos no representan una fuga de recursos.
El inmueble por el cual paga el mayor monto es la famosa Torre Prisma, ubicada en avenida Juárez 101, que a menudo es sede de protestas y cierres temporales de su personal de base y que sirve como una de las oficinas administrativas más importantes de esta dependencia. Por este edificio de 28 pisos, el instituto desembolsa año con año 59.7 millones de pesos y su arrendamiento data de hace 13 años.
El segundo edificio en la lista corresponde a las oficinas de la Subdirección General de Educación e Investigación Artísticas (SGEIA) y que también alberga al Centro de Educación Artística (Cedart) Luis Spota Saavedra, en Londres 16, colonia Juárez, por el que eroga 14.1 mdp al año.
Le siguen el Edificio Plaza de la República, utilizado como oficinas administrativas, que al año cubre una cuota de 11.3 millones de pesos; la Escuela de Iniciación Artística No. 3, en la colonia Santa Isabel Tola, por 9.6 mdp; el Cedart Frida Kahlo, en Donceles 94, por el cual el INBAL destina 9.5 mdp, y el Cedart Hermosillo Sonora, en cuya renta gasta 6.8 mdp al año.
Y tres más: la Escuela de Iniciación Artística No. 2, en la colonia Doctores (5.5 mdp); la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey (2.5 mdp), y la Escuela de Laudería, en Querétaro (1.8 mdp).
Habría que preguntar a la comunidad artística qué tal le vendrían unos 120 millones de pesos al año para hacer más obras de teatro, más producciones de danza, más óperas en el Palacio de Bellas Artes. También podrían servir para que la dependencia cubriera en tiempo y forma los pagos al personal eventual o para acabar con tanta gotera en sus escuelas y en su Bodega Nacional.
¿Cuánto falta para que el INBAL deje de someterse a las presiones del mercado inmobiliario o mejor nos resignamos a que, año con año, se le siga pellizcando al presupuesto para el pago de rentas?
No se olvide que Alejandra Frausto, extitular de Cultura federal y actual titular de Turismo capitalino –ahora dedicada a pachanguear por la CDMX, como parte de la fiebre mundialista– prometió, a su llegada a la SC, ahorros millonarios por concepto de rentas onerosas (Excélsior 12/02/2019), aunque todo quedó en un acto de fe.
