Saltar al pasado

Aún no podemos dimensionar el alcance de la pandemia de COVID-19 ni su impacto

Mientras la Unesco reporta que en muchos países la pandemia por COVID-19 es la emergencia sanitaria más grave de la historia moderna y se susurra un posible rebote a nivel mundial, México avizora la fase tres en un par de semanas. Significa que aún no podemos dimensionar el alcance ni su impacto real en el sector cultural.

Y mientras nos acercamos a la parte alta de esa inevitable montaña rusa, algunas preguntas agitan el ambiente cultural. Por ejemplo, ¿cómo celebrar el Día Internacional del Libro desde casa y cómo infectará este virus a la industria editorial?, ¿acaso ferias del libro, como la FIL de Guadalajara, saldrán ilesas o les impactará en su programación? ¿Se reducirá la compra de libros, el número de novedades o de reediciones en 2020?, ¿se ha detectado algún boom por el

libro digital?

¿Retomarán el Paseo de las Heroínas?, ¿aún se contempla la colocación de la estatua de Leona Vicario antes del 15 de agosto? ¿Qué fue del programa de Fomento, Constitución y Fortalecimiento de Empresas Sociales y Solidarias (Focofess) para impulsar sociedades cooperativas culturales con autonomía económica?

¿Cuándo se retomará el parlamento abierto, prometido para hoy, que definirá el rumbo de las políticas culturales en la capital del país? ¿Qué tanto se atrasarán las aperturas del Cine Cosmos, del centro cultural La Perulera y el rescate del Centro Cultural Abelardo L. Rodríguez?

¿Vale la pena apostar mil millones de pesos al Proyecto Chapultepec, que encabeza Gabriel Orozco?, ¿alguna vez sesionará el Consejo Asesor de Cultura o mejor lo damos por muerto?, ¿se cumplirán las obras y los plazos del Programa Nacional de Reconstrucción, que finalizaría en 2021?, ¿cuándo se terminará la rehabilitación estructural de la Columna de la Independencia y la restauración de edificios históricos pendientes como la Casa de la Malinche?

¿Cómo se comportarán los sindicatos del sector cultural?, ¿dónde están los acuerdos entre las autoridades federales y los gobiernos locales?, ¿qué papel jugará el Fonart en esta crisis?, ¿tendrá sentido retomar las Misiones por la diversidad cultural tal como hoy se conocen?, ¿se detendrá la compra de instrumentos musicales para las bandas infantiles de Oaxaca?

¿Cómo compensarán las pérdidas del turismo cultural en museos y zonas arqueológicas del país?, ¿se reducirá aún más la investigación arqueológica?, ¿está garantizado el mantenimiento de la red de museos y bibliotecas del país o tendremos goteras y fallas eléctricas recurrentes?

¿Se recortará la plantilla de honorarios y la contratada por el capítulo 3000 en la administración federal y local? ¿Alguien recuerda la restauración del Centro SCOP y de sus murales o será una herencia para la siguiente administración? ¿Habrá tiempo en 2020 para iniciar la restauración del Polyforum Cultural Siqueiros? ¿Qué iniciativas debe priorizar la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados? ¿Sobrevivirá el Fonca tal como hoy lo conocemos?

¿Cuántos Vientos del Pueblo soplarán este año en el Fondo de Cultura Económica (FCE)? ¿Qué será del Consejo de Diplomacia Cultural?, ¿reactivarán los vales de cultura?, ¿concluirán el levantamiento del archivo Octavio Paz y cuándo se depositarán sus cenizas en San Ildefonso?

Sí, sobran las dudas y quizá todo esto pasará. Ojalá que Alejandra Frausto Guerrero, Lucina Jiménez, Paco Ignacio Taibo II, Marina Núñez Bespalova, Natalia Toledo, Alfonso Suárez del Real y Sergio Mayer estén a la altura y

comprendan que no basta evocar la herencia de un pasado histórico ni el canto de pequeñas odas, sino que se requieren funcionarios que defiendan la cultura. En caso contrario, viviremos un salto al pasado que será recordado por varias generaciones.

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