¿Ópera emergente?

En sólo ocho meses, la soprano mexicana María Katzarava le dio un rostro distinto al Estudio de Ópera de Bellas Artes.

La soprano María Katzarava tuvo un paso breve, pero firme al frente del Estudio de Ópera de Bellas Artes (EOBA). En sólo ocho meses (de febrero a octubre) esbozó un rostro distinto en la agrupación y generó algunos cambios, como llevar a los jóvenes cantantes, de manera más asidua, al Palacio Postal de la Ciudad de México, donde interpretaron, sin costo alguno, diversos repertorios de zarzuela; y programar los conciertos Opereando y EOBA canta con orgullo en el Teatro Esperanza Iris.

Derivado de estas presentaciones, el Sistema de Teatros de la CDMX entregó a la Fundación INBA la liquidación de taquilla por un monto de 20 mil 161 pesos (14 mi 500 del primer concierto y 5 mil 661 del segundo), que supuestamente cubrirán algunos gastos del EOBA.

Parecerían simples retoques o uno que otro gesto publicitario, pero me parece que, en poco tiempo, Katzarava intentó imprimir una nueva dimensión a ese grupo de talentos que, en teoría, se alzarán como algunos de los cantantes más destacados de México en los siguientes años. En suma, la soprano le dio una proyección distinta al estudio, con un enfoque más social, aunque faltó tiempo para explorar otras sedes y nuevas dinámicas, quizá acercando el canto lírico a lugares insospechados, porque estas voces –que perciben un estímulo económico individual de 25 mil pesos mensuales– deberían servir de enganche a nuevos públicos.

Sin embargo, con la salida de Alonso Escalante de la Compañía Nacional de Ópera (CNO) —que más bien funge como de Bellas Artes—, Katzarava fue llamada a cubrir esa dirección compleja y siempre polémica, de la que se espera mucho más, pero a la que se apoya poco, y que casi siempre ha sellado los momentos menos estelares de aquellas figuras que se han entregado a su gestión, como ocurrió con el tenor Ramón Vargas y la

mezzosoprano Lourdes Ambriz.

Ojalá que en esta ocasión se hable de una excepción y que, en un plan de largo plazo y transexenal, no sólo se posicione a nuevas voces mexicanas en el extranjero, sino que se le dé una nueva dimensión a la ópera en todo el país, pero eso lo sabremos hasta que la soprano hable sobre su proyecto.

Por cierto, el pasado 8 de noviembre, el INBAL anunció una conferencia de prensa con Katzarava y con la mezzo Gabriela Flores

–quien asumió la dirección del EOBA– en la que se esperaba el primer trazo de su plan de trabajo. Pero un día antes, de forma inexplicable, el evento se pospuso “hasta nueva fecha”, la cual aún se desconoce.

Mientras tanto, ojalá que Flores tenga presentes las palabras que su antecesora pronunció el pasado 18 de mayo, cuando aseguró que el EOBA no sólo realizaría microzarzuela en el Palacio Postal y un evento histórico en Bellas Artes –que ya ocurrió—, sino que tendría “diversas giras por escenarios de Guanajuato, Sinaloa, Mérida, Guadalajara y Morelos, y dos de sus integrantes viajarán a Gran Canarias, con el Zarzuela Estudio, como parte de su proyección internacional”. ¿Se mantendrán estos proyectos?

Por su parte, Katzarava deberá remar a contracorriente de la inercia presupuestal y fijar un sello personal en la programación del próximo año, a escasos meses de que concluya la actual administración, que no ha brillado por su apoyo a la ópera, como lo exponen los siguientes números.

Pensemos que, en 2018, la CNO recibió 55.7 millones de pesos, pero en 2019 —con el inicio de la gestión de Lucina Jiménez— la bolsa se redujo 14%, al asignar sólo 47.8 mdp. En 2020 vino la pandemia y el presupuesto quedó en 14.3 mdp, y para 2021 sumó 31.1 mdp. En 2022, la compañía recibió 33.3 mdp y, en el año actual, hasta donde sé, sumará 33.2 mdp, es decir, 40% menos que en 2018, lo cual refleja la falta de interés de la actual gestión en este rubro. Entonces, ¿hay proyecto o sólo es un relevo de emergencia?

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