No fue lo imposible

Aunque ninguna autoridad lo ha confirmado, esta semana trascendió la salida del director de la Compañía Nacional de Ópera (CNO), Marcelo Lombardero, quien tomó la decisión de abandonar el barco y dejar en marcha la ópera Tosca, que tendrá funciones en octubre, en Bellas Artes y en el Festival Internacional Cervantino (FIC), y el programa doble con La señora en su balcón, de Luis Sandi con texto de Elena Garro, y Cavalleria rusticana, de Pietro Mascagni, heredando un proyecto inconcluso que ya analizarán los especialistas.

Aún se desconoce quién lo sustituirá y, seguramente por esa razón, las titulares del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) y de la Secretaría de Cultura, Alejandra de la Paz y Claudia Curiel, respectivamente, acordaron mantener su retirada bajo llave.

Las versiones de su dimisión no son claras. Algunos refieren que el presupuesto por venir para los montajes operísticos, en 2027, no lograría cubrir el proyecto completo del argentino; otros señalan problemas sindicales y hasta se mencionan diferencias con Claudia Curiel. Lo cierto es que la noticia, de consumarse en los próximos días, expondrá las costuras de un proyecto inacabado que buscó posicionar a México en la escena internacional, pero que apenas logró articular algunos destellos.

Su nombramiento como parte del equipo de Claudia Curiel fue anunciado el 30 de octubre de 2024, junto con otros 10 funcionarios, por lo que abandonará el puesto a menos de dos años de su llegada sin siquiera haber logrado el carácter nacional de la compañía y con escasa proyección internacional, quedando lejos de logros que él mismo prometió.

La llegada del argentino a la CNO causó expectativa y algunas críticas, aunque pronto se sobrepuso con una programación distinta y arriesgada, por lo que su salida será una gran derrota para la titular de Cultura, quien lo presentó como la gran apuesta por una figura que sumaba los dones de cantante y funcionario, como director del Teatro Colón, en Buenos Aires.

En enero de 2025 entrevisté a Lombardero y me aseguró que su proyecto podría resumirse así: “Voy a hacer lo imposible para llevar nuevamente esta casa de ópera a los lugares que se merece. Esta compañía tiene una larga historia, impresionante, de la que siento la obligación de ser partícipe y hacer honor”.

Hace unos días le escribí para confirmar o desechar el trascendido de su partida, pero simplemente no respondió. Ojalá que haya dejado un programa preliminar para 2027 y que quien acepte la rifa del tigre no llegue con la idea de que viene a aprender.

DE SAQUEOS Y DAÑOS

Como adelantó a Excélsior el titular del INAH, Joel Omar Vázquez, el instituto busca una salida para ¿detener? el saqueo y el daño progresivo en el sitio arqueológico Los Tlalteles, en Chalco. De ahí que, el pasado jueves, la dependencia formalizara la firma de un convenio con las autoridades ejidales, en la figura de Patricia Capetillo Cortés, presidenta del ejido Villa de Chalco, “con miras a impulsar la investigación, conservación, protección legal y divulgación” de ese espacio, como reportó en el Boletín No. 302.

El acuerdo pareciera una medida afortunada —alguien dirá que pudo ser peor—, porque contempla “la creación de una reserva de tres hectáreas (de 74 que abarcaba originalmente el sitio) destinadas a la investigación arqueológica”.

¿Debemos aceptar, entonces, que el INAH renunció a explorar las 71 hectáreas restantes? ¿Significa que ahí nunca hubo algo relevante o el acuerdo de palabra fue callar a cambio de “proteger” una parte simbólica? ¿Y qué pasará con el material saqueado? ¿O ahora nos dirán que, como no existía registro de lo expoliado, aplicarán el tradicional borrón y cuenta nueva? ¡Valientes protectores del patrimonio!