Niveles de deterioro

El mosaico que corona la Plaza Rufino Tamayo, muy cerca de Ciudad Universitaria, fue grafiteado.

La Plaza Rufino Tamayo, ubicada a unos pasos del Estadio Universitario de CU y edificada por el arquitecto Teodoro González de León, ha llegado a su peor momento de deterioro, lo que sólo nos confirma la histórica falta de atención que las autoridades capitalinas le han dado a este espacio desde hace un par de décadas.

Esto, luego de que fuera grafiteado el mosaico que corona la plaza, elaborado a partir de una obra de Rufino

Tamayo (1899-1991), uno de los grandes artistas mexicanos.

Dicho mosaico —que era uno de los principales focos de atención de este conjunto inaugurado en 1991— fue realizado a partir de un gouache del artista oaxaqueño y debería ser restaurado por el Cencropam, del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL).

Sin embargo, lo más probable es que dicha pieza no será recuperada y que el anfiteatro que la cobija se eternice como refugio para personas en situación de calle, quienes lo utilizan para pernoctar, encender fogatas, alcoholizarse y como baño público.

A esto se suma la desaparición del busto de bronce de Tamayo, colocado en su honor desde su apertura, del cual ya sólo queda una columna de metal oxidada y una placa con el nombre incompleto del artista.

Además de que su fuente monumental, integrada por siete arcos que crean una ilusión de perspectiva, ya sólo es un vago recuerdo, y tanto la pérgola como el jardín escalonado lucen un desgaste considerable, huellas de humedad, grafitis retirados sin técnicas adecuadas y marcas de tizne.

“El proyecto evoca a un teatro”, cuenta a esta columna la curadora e investigadora Ingrid Suckaer, quien explica el valor artístico del conjunto: “Tamayo conoció y aprobó el proyecto de su amigo, el arquitecto Teodoro González de León”, aunque no logró verlo concluido, pues falleció antes de la inauguración.

Además, “el mosaico (muy bien resuelto plásticamente y en su técnica) es una celebración de Antígona, una obra de Tamayo que formó parte de la escenografía que el maestro realizó para el ballet Antígona (1959), de la Royal Opera House, bajo la dirección de Mikis Theodorakis, donde el artista oaxaqueño diseñó la museografía y el vestuario”. 

Por último, Suckaer comenta que en el Centro de Documentación del Museo Tamayo de Arte Contemporáneo Internacional se resguardan los apuntes y los antecedentes de ese proyecto, expuesto en 2014 en el recinto museográfico.

¿Quién tomará entonces la responsabilidad de recuperar y poner en valor la Plaza Rufino Tamayo o estarán esperando que se convierta en un basurero?

EN PRIVADO

Hace dos días, el Museo de Arte Moderno (MAM) anunció la próxima apertura de la muestra Jardín inconcluso, de Rafael Lozano-Hemmer, del 11 de febrero al 25 de abril, que incluirá nueve instalaciones monumentales en el jardín, el redondel y la Sala Gamboa del recinto.

Pero la novedad es que sólo se podrá apreciar en su totalidad en un horario nocturno (miércoles y jueves, de 19:00 a 23:00 hrs., y viernes y sábados de 19:00 hrs. a la medianoche), pagando un boleto de 170 pesos, que será independiente del cobro para ver las exposiciones temporales.

La directora del MAM, María del Sol Argüelles, argumenta que esto se debe al elevado costo del mantenimiento de las obras y el aumento de vigilancia fuera del horario regular.

¿Significaría que el INBAL reconoce abiertamente que carece de capacidad para cubrir el costo de exposiciones de este nivel?, ¿es el hallazgo de un negocio o cómo se puede justificar que un museo público limite “la experiencia inmersiva” sólo a quienes puedan pagar? ¿Acaso esta disposición no estaría violando el cacareado acceso a la cultura, la Ley Federal de Derechos y la Ley General de Cultura y Derechos Culturales? ¿Qué opinarán la presidenta Claudia Sheinbaum y la titular de Cultura, Claudia Curiel?