Flotar en la desmemoria

Los efectos benéficos de la justa mundialista, que iniciará en 26 días, no alcanzaron para que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) obtuviera fondos para detener la destrucción progresiva de la Pirámide de Quetzalcóatl (también conocida como Pirámide de la Serpiente Emplumada), en Teotihuacan, pese a contar con diagnósticos, proyectos y voces de expertos que han lamentado su desintegración, casi como si se tratara de un polvorón mesoamericano.  

Esto, aun cuando, en marzo pasado, la dependencia anunció 380 mdp para mejorar y rehabilitar 12 museos y 46 zonas arqueológicas en 12 entidades del país, y que ahora desglosan en comunicados individuales como los que recién detallaron los trabajos en el Museo Regional de Guadalajara y la zona arqueológica de Guachimontones, en Jalisco (11 mdp); en Cuicuilco, el Cerro de la Estrella y Mixcoac (6.2 mdp), y en el Museo Nacional de Antropología (40 mdp), con  labores superficiales y cosméticas que ojalá tengan durabilidad. 

Seguro hay una explicación que revele por qué el INAH dejó fuera del plan a esta pirámide tan importante, pese a los llamados para recuperarla. Por ejemplo, esta semana tocó el turno a los arqueólogos Leonardo López Luján y Eduardo Matos Moctezuma, quienes expusieron, en un diálogo en redes, algunas claves que enfrenta el caso.

López Luján recordó que “el lejano 18 de marzo de 2015, y por iniciativa de los arqueólogos Sergio Gómez y Saburo Sugiyama, el INAH conformó una comisión de expertos para combatir el muy alarmante deterioro de la pirámide... Allí estuvimos Eduardo Matos, Rubén Cabrera, Jorge Angulo, un servidor y muchos más”.

Y agregó: “Se hicieron estudios, diagnósticos, propuestas, proyectos, concursos... y nunca ha habido dinero para detener ese acelerado deterioro y salvar este edificio único, Patrimonio de la Humanidad”. 

Mientras que Eduardo Matos expuso: “En efecto, fueron muchas reuniones y acuerdos, pero no se llegó a proporcionar los fondos necesarios. La afectación continúa año tras año, en un edificio único de la arquitectura mesoamericana”. ¿Por qué el INAH no logra iniciar la protección? ¿O ahora sí admitirá que no hay presupuesto para eso?

Si bien Joel Omar Vázquez, titular del INAH, cumplirá en julio próximo su primer año al frente de la dependencia, también es cierto que hasta el momento no ha aportado respuestas ni algún plan de emergencia para detener el deterioro de esta pirámide, pero tampoco a otros problemas que siguen flotando en la desmemoria, como la destrucción y el saqueo en sitios arqueológicos como Tlalteles, en Chalco, y Dzoyilá, en Mérida.

  

DESPRECIO DEL INBAL 

Hace una semana que el Cuarteto Latinoamericano ofreció su último concierto en el Palacio de Bellas Artes, como parte de la gira La última y nos vamos. El escenario lució pletórico y la asistencia y los músicos cumplieron con lo esperado.

Pero quienes quedaron a deber fueron las autoridades del INBAL, que dirige Alejandra de la Paz, pues no tuvieron la menor cortesía con el ensamble. No hubo ceremonia oficial ni entrega de un reconocimiento, ¡vaya!, ni un mensaje en la red X. Al único que sí vimos en el recital fue a Aarón Polo López, director de Difusión del instituto, quien tuvo todo el palco de honor para él y su acompañante.

Algo similar ocurrió con el poeta Jorge Fernández Granados, quien hace una semana recibió el V Premio Internacional de Poesía de Fuente Vaqueros por su libro Materia oscura, pero ninguna autoridad cultural del país tuvo la decencia de felicitarlo, aunque fuera en redes sociales. ¡Caray!, que al menos pongan un mensaje con erratas o fotografías equivocadas, como ésos que aplauden porque son supuestamente geniales. Ni hablar, hasta el momento, su silencio sólo es sinónimo de ignorancia, arrogancia y desprecio.