Daños en el Polyforum

Sigue siendo una piedra en el zapato de la autoridad cultural la recuperación, restauración y reapertura del Polyforum Cultural Siqueiros —una de las máximas joyas del muralismo en México—, que no ha logrado concretarse desde hace más de una década, pese a que cuenta con declaratoria de Monumento Artístico. 

Recordemos que la protección de la obra de David Alfaro Siqueiros fue establecida en el documento de protección difundido en el Diario Oficial de la Federación del viernes 18 de julio de 1980 que, en su artículo cuarto, establece que se podrán realizar reparaciones o restauraciones con la autorización del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), por lo que se le debe dar aviso de cualquier alteración, cambio o daño que sea detectado. La situación aquí es que el instituto tiene noticia del deterioro desde 2014, pero no ha logrado atajarlo.

Tengo la impresión de que en el actual sexenio la autoridad no ha expresado el más mínimo interés por buscar una solución que frene el imparable desgaste de esa obra monumental.

Es comprensible que Alejandra de la Paz, titular del INBAL, y Claudia Curiel, secretaria de Cultura federal, estén más preocupadas por concluir la Bodega Nacional de Arte, en Chapultepec —que debieron inaugurar desde 2025—, que por pisar las arenas movedizas del Polyforum, cuya recuperación se ha prolongado durante casi los últimos tres sexenios.

Sin embargo, ambas funcionarias deberían recordar que tienen una responsabilidad en este caso, ya que se trata de salvaguardar una joya del patrimonio cultural de la CDMX, la cual, como sabemos, es de carácter privado y depende de un financiamiento que no se ha concretado, aunque la autoridad no puede delegar la integridad de la obra a un particular, en este caso al empresario Esteban Suárez, quien heredó la propiedad de su padre, Manuel Suárez y Suárez.

Un hecho destacado ocurrió el pasado 11 de octubre, cuando la Secretaría de Cultura de la CDMX organizó un recorrido por el recinto, bajo el título Paseo Histórico por el Polyforum Cultural Siqueiros, al cual asistieron cerca de 200 personas que pagaron una cuota de 50 pesos, bajo la guía de Alejandro Piña, quien aseguró que próximamente planearán otros. Ojalá que sí.

Dicho recorrido se agradece, porque desde 2014 el inmueble se ha limitado a ser salón privado para eventos de moda y de marcas comerciales, y su entorno un estacionamiento público. Lo lastimoso fue observar un Polyforum con decenas de grietas y fisuras en los paneles exteriores, a lo que se suma la pérdida de materiales, deformaciones, salitre y corrosiones que se han incrementado dentro y fuera del inmueble, así como el evidente deterioro de su pintura mural en el exterior, pese a los trabajos realizados por el INBAL en 2022. ¿No sería obligación de Curiel y de De la Paz revisar el tema?

La visita al interior del inmueble tuvo una duración de casi una hora, en la cual se recordó que, desde hace varios años, el Polyforum ha permanecido cerrado al público y se aseguró que existe “la intención” de que se restaure.

Piña también subrayó la importancia de que los murales exteriores se integren a un espacio abierto para “regresarle una plaza pública a la CDMX y convertirlo en uno de los mejores museos a nivel nacional e internacional”; elogió la tridimensionalidad del mural La marcha de la humanidad, que definió como “una experiencia inmersiva”, aunque aceptó que existen daños en el recinto.

Finalmente, aventuró la siguiente hipótesis: “Siqueiros pensaba que (los materiales) que estaba usando eran los ideales, y que iban a perdurar para la eternidad. Desafortunadamente, el tiempo no le dio la razón”. Quizá el error de cálculo no fue de Siqueiros, sino de nuestras autoridades, que en la última década renunciaron a darle el mantenimiento necesario.