Violencia política
La ira, el miedo y la desesperación son vectores de actos violentos. Algunos individuos pueden sentirse justificados en usar la violencia para defender sus creencias y su fanatismo. Por ello, la historia registra una gran multiplicidad de hechos de violencia política materializados en magnicidios.
La violencia consiste en el uso de la fuerza física o psicológica contra una persona o grupos de ellas y en atentar contra su integridad física, la violencia política radica en la comisión de conductas que buscan generar un detrimento en el goce y ejercicio de un derecho político-electoral que incida en los cambios sociales, así, las diferencias en creencias, valores y objetivos políticos pueden generar tensiones y conflictos que, cuando éstas se radicalizan, dan lugar a la violencia.
La desigualdad económica, la falta de acceso a recursos básicos y la percepción de injusticia generan frustración y descontento. Algunos individuos pueden recurrir a la violencia como una forma de expresar su malestar.
En muchos países, la historia está marcada por conflictos, guerras civiles y opresión. Estos eventos pasados pueden dejar cicatrices y perpetuar la violencia política.
Los grupos extremistas, ya sean de derecha o de izquierda, a menudo promueven la violencia como medio para lograr sus objetivos. La radicalización ocurre en entornos sociales específicos.
La política implica competencia por el poder y los recursos. Cuando los intereses de diferentes grupos entran en conflicto, la violencia puede surgir como una herramienta para ganar ventaja.
La polarización política y la falta de espacios para el diálogo constructivo pueden dificultar la resolución pacífica de conflictos, ahí están los conflictos armados de Rusia-Ucrania e Israel-Palestina.
La ira, el miedo y la desesperación son vectores de actos violentos. Algunos individuos pueden sentirse justificados en usar la violencia para defender sus creencias y su fanatismo. Por ello, la historia registra una gran multiplicidad de hechos de violencia política materializados en magnicidios e intentos de liquidar a líderes políticos en el ejercicio del poder o en su ruta de acceder al mismo. Ejemplos sobran en Estados Unidos.
Abraham Lincoln fue el primer presidente de Estados Unidos en ser asesinado (1865). James Garfield, la historia se repitió 15 años después del asesinato de Lincoln, el 2 de julio de 1881. William McKinley, asesinado en 1901 por un anarquista en Buffalo, Nueva York. El asesinato, en 1963, del presidente John F. Kennedy, en Dallas, Texas, conmocionó al mundo. Robert F. Kennedy, senador y precandidato presidencial demócrata, fue asesinado en 1968 en Los Ángeles, California. Ronald Reagan (1981): sobrevivió a un intento de asesinato en Washington, D.C., y recientemente el expresidente Donald Trump, rival electoral del presidente Joe Biden, que busca la reelección para el siguiente periodo presidencial. En mucho contribuye a esta violencia política la producción y venta de armas en Estados Unidos, al tener el mercado más grande y desregulado del mundo.
El asunto es que decenas de personas al día mueren por incidentes relacionados con armas de fuego en Estados Unidos y en el mundo. Miles de millones de dólares y euros se pierden por la violencia consecuencia de las decisiones políticas de los jefes de Estado, esto incluye no sólo la pérdida de vidas humanas y de gastos médicos en los heridos, sino también la pérdida de calidad de vida para los afectados y sus familiares.
Estos sucesos afectan la seguridad, la economía, la salud y el futuro de las sociedades nacionales. La violencia política es multifactorial, se manifiesta desde la falta de respeto hacia los demás, la violencia, la corrupción, el egoísmo, la falta de solidaridad, la ausencia de educación en valores y principios que permiten la adopción de conductas negativas, como el individualismo y el consumismo. Reflexionar sobre las causas y promover la educación desde temprana edad son pasos fundamentales para revertir este desafío social. Además, a nivel mundial, la falta de respeto a la ciencia, el incumplimiento de derechos humanos, la creciente brecha económica y la lucha por el poder afectan la integración social. ¿O no?, estimado lector.
