Sociedad digital II

El internet debe ser catalogado como un derecho humano por las aportaciones de comunicación e información que nos genera con su uso; las redes nuevas de quinta generación para su transportación y el almacenamiento de datos en la nube (cloud), así como su debido procesamiento para asegurar su calidad y el aprendizaje automático para analizarlos por mediode algoritmos y machine learning.

El uso de la internet se ha vuelto una necesidad tecnológica necesaria y fundamental para el desarrollo de todas las actividades del género humano.

Nuestras sociedades están inmersas en la cuarta revolución industrial por el inmenso volumen de datos que producen, su transmisión, inmediatez y seguridad en su tránsito a los destinatarios.

En anteriores publicaciones referimos el análisis de su uso, pues hemos visto cómo su manipulación ha sido para inducir conductas y decisiones en asuntos de preferencia política y económica.

De ahí la necesidad del diseño de una legislación nacional adecuada que precise y cuide intereses y privacidad de los usuarios de todas las redes.

Acciones multidimensionales, desde tecnologías de datos, infraestructura y la ciberseguridad, que sean el eje y sustento para el desarrollo y consolidación del bienestar de las personas y las empresas.

El internet debe ser catalogado como un derecho humano por las aportaciones de comunicación e información que nos genera con su uso; las redes nuevas de quinta generación para su transportación y el almacenamiento de datos en la nube (cloud), así como su debido procesamiento para asegurar su calidad y el aprendizaje automático para analizarlos por medio de algoritmos y machine learning.

Queda claro que la vulnerabilidad de los usuarios es mayúscula, este mundo virtual manejado por los contratantes de publicidad obliga a las empresas de las TICS a estudiarnos mediante modelos de mercado que predicen nuestras acciones, comportamientos, adicciones, gustos, etcétera, resultando que las comunidades de las redes somos un mercado de futuros, sólo eso.

Se hace necesaria una visión de largo aliento que ayude a la gobernanza de los países, que permita el acceso seguro, ético, legal y responsable de la privacidad de datos de los internautas.

Experiencias múltiples de hackeo de datos a empresas públicas y privadas así lo demuestran: Bancomext, las secretarías de Economía, de Educación, demás de Pemex, son claro ejemplo de cómo actúan los secuestradores de la información  ransomware.

La pandemia por covid-19 en el mundo es una muestra del beneficio que puede otorgar el uso de datos. Países como China, Corea del Sur y Taiwán, con desarrollo tecnológico alto en inteligencia artificial, obtienen información sobre temperatura corporal, contagios, zonas de riesgo, violaciones a las restricciones de movilidad de las personas y todo esto para la toma de decisiones de política pública de seguridad y salud.

Así, los especialistas informáticos de macrodatos y los virólogos apoyaron a sus líderes de gobierno.

En México, según los estudiosos del tema, existe un déficit de 300 mil ingenieros en computación, por lo que hacen falta grupos de especialistas cibernéticos; se hace necesaria la creación de una agencia nacional de ciberseguridad que realice una agenda de asuntos prioritarios para el cuidado de la seguridad de las personas y de la nación; requerimos una ley federal de ciberseguridad que tipifique los delitos, como el hackeo de información, los robos de bases de datos y de identidad de las personas y el uso indebido de nuestros datos personales; homologar todas las normas y programas de las empresas públicas y privadas; que el “atlas de riesgos” actualice con precisión las 38 áreas de infraestructura crítica y alto riesgo del país (aeropuertos, puertos, aduanas, presas, hidroeléctricas, refinerías, gaseras, sistemas de agua potable y conducción de energía eléctrica, etcétera); que construya una agenda de transformación digital que contenga la estrategia nacional para mejorar la ciberseguridad y, además, revisar la legislación y organismos internacionales para subirnos a “la ola de transformación digital” con cuidado y respeto, reitero, a los derechos humanos y a nuestra privacidad, confidencialidad, anonimidad y seguridad. ¿O no, estimado lector?

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