Drones

La guerra dejó de depender de misiles o aviones tripulados: ahora se define por la capacidad de producir, adaptar y reponer drones de forma casi inmediata.

La historia de los drones comenzó más como un juguete tecnológico que como una herramienta decisiva de guerra. Desde los primeros prototipos del siglo XX, usados para reconocimiento y entrenamiento, hasta los sofisticados sistemas autónomos actuales, los drones recorrieron una evolución acelerada impulsada por la miniaturización electrónica, la navegación satelital y la inteligencia artificial. Hoy, representan una revolución equiparable a la aparición de los tanques o de la aviación militar (idc.apddrones.com).

Ese salto se volvió evidente en 2022, cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala sobre Ucrania. Lo que antes eran aparatos secundarios pasaron a convertirse en el corazón estratégico del conflicto. Ambos países comprendieron rápidamente que los drones no sólo “acompañan” a la guerra: la redimensionaron.

Ucrania transformó drones comerciales en armas tácticas de precisión; Rusia, por su parte, desplegó miles de drones Shahed y Orlan para saturar defensas, desgastar recursos y atacar infraestructura crítica. La guerra se volvió, en buena parte, una batalla de cielos bajos: pequeñas máquinas volando a pocos metros del terreno, detectando posiciones, corrigiendo artillería, destruyendo vehículos, e incluso enfrentándose entre sí (legrandcontinent.eu).

Las cifras son contundentes. Ambos países se han lanzado miles de drones dejando una estela de muerte y destrucción. Guerra que pronto cumplirá cuatro años, y en la que Putin calculó apoderarse de Kiev en unos días.

El impacto ha sido tan profundo que hoy los analistas coinciden en que buena parte de las pérdidas de combate provienen directamente del uso masivo de UAV, ya sea por bombardeo, vigilancia o ataques de saturación. La guerra dejó de depender únicamente de misiles de alto costo o aviones tripulados: ahora se define por la capacidad de producir, adaptar y reponer drones de forma casi inmediata.

Pero esta revolución no sólo está cambiando a Ucrania: está transformando la arquitectura de seguridad global. Europa, preocupada por las repetidas incursiones de drones rusos sobre su espacio aéreo, avanzó en 2025 hacia un proyecto de defensa continental sin precedentes: un “muro de drones” en su frontera oriental (Reuters, 30/09/2025).

Este muro no es físico, sino un escudo digital y aéreo: sensores, radares, sistemas antidron, guerra electrónica, interceptores autónomos y vigilancia permanente coordinada por inteligencia artificial. Su objetivo es detectar y neutralizar cualquier amenaza antes de que cruce el espacio europeo. La Unión Europea (UE) proyecta que gran parte de esta infraestructura esté funcionando en 2027-2028, integrando a todos los Estados miembros en una defensa compartida (Washington Post, 01/10/2025).

Este cambio refleja una realidad ineludible: los drones han redefinido el equipamiento militar mundial. Ya no son solo herramientas de reconocimiento, sino piezas clave de ataque, defensa y disuasión. La guerra moderna es más veloz, más técnica, más autónoma y más asimétrica. Requiere software tanto como soldados, sensores tanto como blindajes, y una industria capaz de producir rápidamente cientos o miles de unidades.

La Unión Europea (UE) decidió aumentar su gasto militar con un porcentaje de 5% del PIB, la lección más evidente es que la superioridad en futuros conflictos no dependerá únicamente del tamaño de un ejército, sino de su capacidad tecnológica y financiera para adaptarse a esta nueva era geopolítica.

La historia de los drones es, en realidad, la historia de cómo la guerra del siglo XXI dejó de ser exclusivamente humana para convertirse en una competencia entre inteligencias —humanas y artificiales— donde la velocidad, la precisión y la adaptabilidad deciden el resultado.

Europa ya lo entendió. Ucrania lo demuestra cada día. El mundo entero está tomando nota. ¿O no, estimado lector?

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